Internet en Cuba

El frenazo
La retranca les está siendo aplicada a los cubanos desde ambas costas
del estrecho de la Florida
Alejandro Armengol, Miami | 12/04/2017 4:38 pm

Paralización, estancamiento, marasmo. No son palabras ajenas a quienes
dominan ese difícil “arte de la espera”, que ha caracterizado la vida en
la Isla durante décadas. Pero lo que en estos momentos experimentan los
cubanos es más que la inercia cotidiana, que desde hace largo tiempo
conocen. Lo que sufren ahora es un verdadero frenazo.
Y para mayor calamidad, la retranca les está siendo aplicada desde ambas
costas del estrecho de la Florida.
Cuando comenzó a operar el servicio en la Isla —en abril de 2015—, la
palabra Airbnb, el propio concepto, debe haber sonado muy extraño para
muchos. Y no solo dentro sino especialmente fuera la apuesta arriesgada
de puesta en marcha.
¿Un resultado del mundo de las transacciones online, las redes sociales,
las plataformas digitales y los teléfonos inteligentes funcionando en
Cuba, cuando la mayoría de las casas no tienen internet?
Pero los cubanos se adaptan rápido, aprenden pronto y funcionan de prisa.
Durante varios, varios y largos meses, todo fue de maravillas, hasta que
al parecer ahora ha surgido un problema, un gran problema para quienes
viven allá.
En Miami
Se han producido demoras en los pagos a quienes alquilan sus viviendas
en Cuba, y aunque Airbnb le dijo a El Nuevo Herald —que trae la
noticia—, que están trabajando en una solución, lo ocurrido es un buen
ejemplo de lo difícil que resulta lo simple en Cuba.
El problema tiene que ver con el mecanismo de pago que utiliza la
compañía para enviar el dinero a sus usuarios cubanos, según explica el
diario de Miami.
El embargo prohíbe la mayor parte de las transacciones bancarias entre
Estados Unidos y Cuba, así que Airbnb optó por utilizar una compañía de
envío de remesas con sede en Miami, VaCuba, para entregar personalmente
los pagos a los arrendadores en la Isla.
Así que una transacción por internet —donde se conecta a huéspedes con
dueños de casas interesados en alquilar mediante una plataforma digital—
en el caso cubano terminaba con una operación donde una persona le
llevaba el dinero a otra a su casa.
Claro que en un principio, el transitar de momento del mundo del siglo
XXI a casi la villa del medioevo se vio como un simple paso transitorio.
Porque había comenzado el “deshielo” y “Cuba es el país de más rápido
crecimiento en Airbnb en la historia de nuestra plataforma”, como dijo
Brian Chesky, director ejecutivo y fundador de Airbnb, cuando viajó en
la delegación que el entonces presidente de Estados Unidos, Barack
Obama, llevó a La Habana en marzo de 2016.
Para esa fecha, Airbnb contaba con 4.000 viviendas que ofertar en la
Isla, en las que se hospedaban del 10 % al 20 % de los viajeros
procedentes de Estados Unidos, según afirmó Chesky durante una
conferencia de prensa organizada por la Casa Blanca en La Habana.
Por supuesto que, en principio, el actual problema de los pagos es un
asunto puntual con una solución más o menos cercana. Pero el tema del
turismo, los viajes y las transacciones bancarias entre EEUU y Cuba no
despiertan en estos momentos mucho entusiasmo.
Hay una total incertidumbre sobre el camino que tomarán las relaciones
entre Washington y La Habana, pero es difícil el optimismo.
En La Habana
A noventa millas de las costas floridanas, la retranca es aún mayor. Al
punto que Fernando Ravsberg considera que si 2015 fue el año del
“deshielo”, 2017 podría considerarse como el de la “congelación” de las
reformas iniciadas en 2008.
“Las PYMES, las cooperativas, el trabajo autónomo, la unificación
monetaria, la inversión extranjera, los cambios previstos en la
constitución, la ley de prensa, la de cine, la que reconoce los derechos
de la comunidad LGBTI, todo parece haber sido
puesto en modo hibernación”, afirma Ravsberg.
Y es que la política de Raúl Castro, de avanzar las reformas “sin prisa
pero sin pausa” podría haber dado ya todo lo que podía dar, según el
analista, ya los pasos siguientes provocarían un “efecto dominó”:
cualquier ficha que se tocara, obligaría a cambiar muchas más.
Sin embargo, en un principio el propio Castro trasmitió la impresión de
que dichos cambios —“estructurales”, “profundos”, como los llamó—
entraban dentro de los objetivos de su plan.
Aunque siempre el gobernante ha reafirmado que no daría marcha atrás en
el proyecto “socialista”, ni que introduciría cambios “políticos”, el
inmovilismo actual resulta difícil de digerir por los cubanos que en los
dos últimos años transitaban por esperanzas múltiples.
Ahora, y debido a una serie de factores que no necesariamente estaban
destinados a coincidir, pero que se han agrupado en una especie de
tormenta perfecta del desconsuelo, los cubanos se ven atravesando una
sequía espantosa en la Isla, cada vez con menos gasolina —y la
importancia de ello trasciende el automóvil—, con la incertidumbre de si
volverán las restricciones de la época de George W. Bush y con las
puertas de entrada a Estados Unidos cada vez más cerradas.
Y mientras tanto, Eliécer Ávila preocupado por su computadora.
La oposición cubana recorriendo sin cansancio su conocida senda entre la
paralización y el bochorno.
El frenazo
La renuencia o imposibilidad de avanzar, que repercute en todos los
aspectos de la vida cotidiana cubana, obedece a un afán compartido
—aunque desde signos opuestos— tanto de Washington como de La Habana en
estos momentos.
En Cuba, Ravsberg cita al economista Juan Triana, quien asegura que la
unificación de la tasa monetaria podría provocar el cierre de más del 60
% de las empresas estatales, las cuales se benefician de un cambio
artificial.
Cuando estas empresas necesitan importar, el Estado les reconoce la
paridad entre el peso cubano y el dólar, mientras el cambio real es de
24 a 1.
Si la moneda y las tasas de cambio se unificaran esas empresas serían
incapaces de comprar los insumos necesarios para seguir produciendo,
explica.
Según Ravsberg, Triana asegura que la unificación de tasas cambiarias y
la quiebra masiva de empresas estatales terminarían destruyendo
alrededor de 2 millones de puestos de trabajo.
Para evitar ese desempleo en gran escala, la economía cubana tendría que
diversificarse a un grado tal que la jerarquía política del país no
admite. Ese fue el camino interrumpido desde sus comienzos, al que al
parecer se oponía Fidel Castro —y todo indica que su fantasma también— y
cuyos temores se multiplicaron tras la visita de Obama.
Al colocar barreras y trabas excesivas al sector privado, que han
imposibilitado su desarrollo más amplio, y fracasados los objetivos de
desarrollo agrícola para sustituir las importaciones, con la baja en los
mercados mundiales de las materias primas y la crisis creciente en
Venezuela, con fuerza creciente el Gobierno cubano se ha aferrado al
inmovilismo.
Solo que al frenazo de La Habana posiblemente se sume muy pronto otro
desde Washington.
¿Hacia donde mirarán entonces los cubanos?
En medio de dicho atasco, una pequeña señal ha “renacido”, aun
pálidamente, en la prensa oficial cubana: el “antiimperialismo”; con el
articulo condenatorio que desde hace meses no se veía, la información
que hasta ayer se pasaba por alto o el tipo de caricatura que uno creía,
en lo adelante se quedaría siempre en el tintero.
Y la causa de ello no parece ser tanto Venezuela como Rusia. Si Trump y
Putin se apartan en serio y no con gesticos como hasta ahora, es posible
que Raúl Castro vea un motivo y una esperanza, para salir de su
aburrimiento.

Source: El frenazo – Artículos – Cuba – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/el-frenazo-329115

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