Internet en Cuba

Cuba y sus vacaciones de espanto
Muchos extranjeros ya lo han dejado claro: “No vamos a regresar”
Miércoles, marzo 15, 2017 | Pedro Manuel González Reinoso

VILLA CLARA, Cuba.- Ante la carencia de suministros estables en los
abastecimientos que se encuentran al borde de la ruina —no obstante la
subida de precios all inclusive durante la temporada alta—, las
“sociedades anónimas” que les administran se han visto obligadas a
disimular con artimañas lo escandaloso, en el único sector industrial
que hasta ayer gozó de avituallamientos imprescindibles para su
funcionamiento y de ciertos servicios decorosos.

Aunque era previsible el caos distributivo que se originaría tras la
expansión en 2005 por parte de las constructoras militares crecidas al
minuto justo de la bolivariana holgura petrolera —dada la frágil e
inexperta infraestructura productiva del país—, el recrudecimiento de
las condiciones materiales y financieras en el ámbito desarrollista
interno y externo actual han incidido en el desplome de la calidad, y de
qué manera.

La sospecha se hizo evidencia cuando, ante la dispersión constatable de
la clientela hacia otros espacios competitivos en el Caribe, las cadenas
foráneas registradas en estas playas del centro norte insular comenzaron
a distribuir propaganda en sus hoteles sobre la inserción al llamado
“turismo verde o ecológico”. Muchos aplaudieron la medida creyendo que
se les invitaba —a los otrora exprimibles e insatisfechos turistas— al
senderismo u otras variantes del “mochileo” barato, pero esas
interpretaciones del anuncio les dejó fríos al enterarse que solo se
trataba de ahorrar recursos en las mismas instalaciones antaño
derrochadoras de los hoy esfumados, e integrar en lo adelante el grupo
internacional The Green Friend.

La fama del mal servicio continuado, más el poco interés en solucionarlo
a pesar de las quejas, alcanzó este año su cisma aquí cuando se registró
la pérdida de una parte considerable de visitantes que trabajadores del
sector estiman sobre el 40 por ciento. Comparado quizá con igual periodo
del ya decadente año anterior, la cifra se adelanta como indetenible.

Una media estadística de estos comportamientos negativos arrojaría la
curva en declive sobre el gráfico, si pudiera ser mostrado públicamente
por las verde-oscuras oficinas de la “mandancia”.

Las corporaciones Blue-Diamonds y Meliá, conjuntamente con la
turoperadora Tryp-Advisor, han escuchado multitud de protestas durante
esta temporada, porque debatidos entre los “subjetivos” problemas
estructurales y las miserias reales (incluyendo la ausencia de agua
corriente en las habitaciones al punto de tener que auxiliarse con las
embalsadas en las piscinas), han terminado cuestionados en Internet sus
respectivos prestigios, mediado sitio abierto por turistas desencantados
del trato recibido, al cual han titulado “Bad Memories” en alusión a
nombres de establecimientos visitados (Memory I y II). Con posterioridad
se han ido sumando experiencias individuales y, en general, adversas.

En esos videos se muestran alimañas y roedores sobre muebles, techos,
paredes y pisos, cubertería sucia dispuesta sobre las mesas, acumulación
de basura en sitios sensibles y hasta manchas indelebles en los roperos
con los que servician camareras y dependientes a habitaciones y
restaurantes.

Un video destaca en particular por tratarse de —comida del día anterior
vuelta a servir pero mal recalentada— un pollo frito… con hielo dentro.

Los turistas que no encuentran alfombras para parase encima, arrastran
colchas y sobrecamas por los pisos y luego no hay con qué secarlas. El
sistema de ciclos en tintorerías está dañado y los repuestos materiales
no aparecen.

Algunos servicios no garantizan la correcta higiene en esos lares.

Ya hubo episodios de diarreas masivas en los módulos conocidos como
Estrella 1 y 2, Sol y otros en el pasado año, debido a causas aún
indeterminadas y que movilizaron a las potestades sanitarias de la zona.

Se escuchan rumores de que los jugos que ofertan para el desayuno son
falsos, pues se elaboran a bases de preparados químicos y deshidratados
que contienen preservantes cancerígenos. Otro tanto ocurre en coctelería
con el añadido de impopulares cítricos sintéticos.

El resto de las ofertas gastronómicas lindan en la frugalidad, quizá
como consecuencia de algún “estudio” conductual o de hábitos
alimentarios hecho a los emisores potenciales, quienes son canadienses
mayoritariamente de la clase obrero-media.

Raramente aparecen frutas, verduras y mariscos en las mesas buffet, que
suelen ser en tradición lo más reclamado por los visitantes. Han
aprendido de los cubanos a enterarse con antelación cuándo es “que van a
sacar algo bueno”, reciprocando siempre por la información, y se
acostumbran a hacer colas antes que abran.

El llamado a no ensuciar toallas, manteles y sábanas por parte de los
hospedados aparece en unas tarjetas verdes que invitan a la comprensión
del mal momento por el que transitan. Claro, se apela a la conciencia
colectiva como si fueran socialistas.

La empleomanía esconde los horrores cotidianos como puede, en su afán
por dar un mejor servicio (de lo contrario, nada de propina habrá del
extranjero), pero el testimonio de los turistas que prevalece es que “se
sienten estafados moral y materialmente”.

Tanto, que ya lo han anunciado: “no vamos a regresar”, muy a pesar de la
solidaridad callada que en los empleados rasos aperciben.

Source: Cuba y sus vacaciones de espanto CubanetCubanet –
www.cubanet.org/facebook/cuba-y-sus-vacaciones-de-espanto/

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