Internet en Cuba

El cliente nacional, una víctima colateral del ‘boom’ turístico
LUZ ESCOBAR, La Habana | Febrero 16, 2017

En la foto se ve a la pareja sonriente y con un vaso de cerveza en la
mano, el único que pudieron alcanzar tras una larga fila en un resort en
Varadero. Nueve años después de que el Gobierno permitiera la entrada de
cubanos a los hoteles, el cliente nacional sigue siendo discriminado
frente al extranjero en medio del actual boom turístico.

Eugenia y Guillermo, jubilados del sector del transporte, tratan de
recuperar el tiempo perdido tras décadas sin poder disfrutar de las
instalaciones turísticas de su país. Con la remesas de un hijo emigrado
y la ganancia de una casa que vendieron hace unos meses, decidieron
disfrutar de las bellezas naturales de la Isla y de sus múltiples hoteles.

Sin embargo, la llamada industria sin chimenea vive momentos de tensión
por el aumento del número de visitantes foráneos. Al concluir el pasado
año, el país reportó un récord de más de 4 millones de turistas, una
buena noticia para las arcas nacionales que no supone, sin embargo, un
mejor escenario para los clientes locales.

Cuba cuenta con más de 65.000 plazas hoteleras y unas 17.000 casas
particulares que brindan sus servicios de alojamiento. El alza turística
de los últimos años pone a prueba esa infraestructura y las quejas se
acumulan, en especial alrededor de las capacidades gestionadas por el
Estado o por empresas mixtas.

Eugenia y Guillermo fueron de los primeros clientes que compraron en
2008 un paquete de todo incluido para pasar un fin de semana en un
hotel de cuatro estrellas cercano a la ciudad de Holguín. La experiencia
la recuerdan como excelente. “Era como vivir un sueño y disfrutar de lo
que antes solo podían tener los extranjeros”, evoca Guillermo.

Sin embargo, con el paso del tiempo aquella alegría inicial se
transformó en incomodidad. “Los precios han subido y la calidad de las
instalaciones ha disminuido mucho”, opina la jubilada. Este fin de año
contrataron cuatro noches en Pasacaballo, un hotel en Cienfuegos del que
dicen haber salido “horrorizados”.

“El todo incluido fue en realidad racionado”, cuenta la esposa. “De
aquellos inicios en que se podía comer y beber todo lo que uno quisiera,
solo queda el recuerdo”. A pesar de haber pagado para contar con una
“barra abierta”, los huéspedes nacionales se encontraron con una
distribución racionada.

Para los jubilados, aquella regulación del consumo les recordó a la
“bodega del mercado racionado”, cuentan. “Queríamos salir de la
realidad, desconectar unos días pero resulta que nos encontramos con lo
mismo de lo que queríamos escapar”, puntualiza Guillermo.

En el restaurante de Pasacaballo “los platos fuertes son dirigidos”,
aclara. Solo se puede elegir uno de carne, pescado o pollo. Desde su
llegada al lugar cada huésped recibió una tarjeta con la posibilidad de
consumir un máximo de 64 bebidas, incluyendo dos litros de ron para las
cuatro noches que se quedarían.

La situación se repite en otros alojamiento a lo largo de la Isla. Ni
siquiera el Royalton Cayo Santa María, con cinco estrellas, se salva de
este tipo de restricciones. “Hemos tenido que supervisar mejor a los
huéspedes nacionales porque nos estaban vaciando el hotel”, comentó a
14ymedio, bajo anonimato, una mucama del lugar.

Gestionado por el Grupo de Turismo Gaviota, un brazo empresarial de los
militares, el alojamiento controla con especial atención a los huéspedes
del patio. “Hemos perdido cantidades enormes de toallas, copas, vasos y
cubiertos”, se queja la empleada. Lo achaca a “los cubanos que vienen y
no entienden cómo funcionan las cosas en un hotel, se creen que esto es
una escuela al campo”.

“Quieren comerse en el desayuno lo que no comen en dos meses en su casa,
entonces hay muchos excesos”, cuenta. “En lo que un canadiense se
desayuna una tortilla, un cubano quiere meterse un trozo de queso en el
bolsillo, llevarse veinte panes para la habitación y cargar con toda la
mermelada que se encuentre”.

María del Pilar Macías, directora general de Calidad y Operaciones del
Ministerio de Turismo, comentó a la prensa oficial a finales del pasado
año que el reto fundamental era alcanzar un servicio competitivo “sin
desatender los estándares internacionales”, basado “en la calidad y la
innovación”.

En 2014 la afluencia de turistas nacionales a los hoteles alcanzó los
1,2 millones de huéspedes, un incremento del 23% en relación con el año
anterior. En esa ocasión los locales gastaron 147,3 millones de CUC en
esas instalaciones, según un informe publicado de la Oficina Nacional de
Estadística e Información de Cuba (ONEI).

El Partido Comunista ha instado en sus lineamientos a “dinamizar e
impulsar el desarrollo del turismo nacional mediante la creación de
ofertas que posibiliten el mayor aprovechamiento de la infraestructura
creada en hoteles y otros atractivos turísticos recreativos e históricos”.

Eugenia y Guillermo prefieren los hoteles con gerentes de otro país.
“Son mucho más atentos y no parecen hacer diferencias en el trato con
los turistas nacionales”. En otros de administración estatal y bajo el
control de Gaviota la situación es diferente. “Si eres nacional te dejan
con la palabra en la boca o con el servicio a medias por ir a atender a
un extranjero”.

La razón para esa diferencia en el trato radica en la propina. A pesar
de que la mayoría son alojamientos con todo incluido, los huéspedes
foráneos “siempre dejan algo”, comenta a este diario la mucama del
Royalton Cayo Santa María. Según la empleada, también “se han dado
muchos incidentes con clientes cubanos que maltratan a los trabajadores”.

Varadero es el principal destino turístico de playa en la Isla y los
cubanos se han convertido en el segundo grupo de clientes más numerosos
del balneario, por detrás de los canadienses. “El cliente de Cuba hoy no
solo va a los hoteles de estándar sino que va también a los hoteles de
mayor calidad de la cadena”, declaró Narciso Sotolongo, subdirector de
ventas de Meliá Hotels International en Cuba.

El Grupo Hotelero Islazul se lleva los peores comentarios entre los
isleños. “Se me cayó una cosa al piso y cuando miré debajo de la cama me
quedé sorprendido con la cantidad de suciedad”, detalla Guillermo. Las
cortinas eran viejas, no había minibar en las habitaciones y varios días
el agua nunca llegó al lavamanos ni a la ducha. El gerente nunca
apareció para dar explicaciones, a pesar de repetidos reclamos de los
clientes.

Para la pareja de jubilados, lo más difícil es aceptar el aumento de
precios. “Por lo que antes pagamos entre 70 y 85 CUC la noche con todo
incluido, ahora no lo encontramos por menos de 120 o 140 CUC”, se queja
la mujer. Una empleada de Cubanacán que gestiona un buró de turismo en
el hotel Vedado negó que haya habido un aumento de las tarifas.

“Estamos en temporada alta y los precios suben cada año”, explica a
14ymedio.”Ahora lo que pasa es que hay mucha más demanda y las ofertas
más baratas se venden en el extranjero, a través de internet y con
tarjeta de crédito”. Pero Eugenia y Guillermo jamás se han conectado a
la gran telaraña mundial y solo saben de dinero en efectivo.

Source: El cliente nacional, una víctima colateral del ‘boom’ turístico

www.14ymedio.com/economia/cliente-nacional-victima-colateral-turistico_0_2165183467.html

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