Internet en Cuba

La intelectualidad rastacuera
Jamás un judío salió de Alemania a hablar en otro país contra los nazis
y regresó enseguida sin dar con sus huesos tras las rejas o en la fosa
Arnaldo M. Fernández, Broward | 27/06/2016 9:19 am

A un cuarto de siglo de la desunión post-soviética, todavía hay quienes
vienen a contarnos que la cosa política y la pobreza en Cuba traen su
causa de copiar instituciones de la URSS. Así está lloviendo el gerundio
remojado / de la lluvia sobre lo llovido, porque esa copiadera era bien
sabida y se criticaba mucho antes que los cuenteros de hoy fueran a
estudiar comunismo científico u otras brujerías precisamente al País de
los Soviets. El problema de verdad estriba en por qué la copia subsiste
tras haber desaparecido el original y en cómo podría desaparecer también
la copia.
Al cabo tenemos que si bien la intelectualidad orgánica del castrismo
repica las órdenes del único partido sin proponer alternativas de
solución a los problemas, la intelectualidad del anticastrismo se
desfoga en criticar aquella por ser mediocre e incompetente sin
avergonzarse de serlo también.
El credo del guacamayo
Eso de repicar la toma de partido a ciegas es una disfunción que
comparten intelectuales de ambas banderías del problema cubano, pero
sobre todo aquellos que simplemente cambiaron de bando y siguen dándose
la patada de que, hoy como ayer, hacen ciencia.
La misma tesitura complaciente que tuvieron ayer con el Gobierno perdura
hoy ante los disparates de la oposición, que se exaltan como iniciativas
o proyectos por la libertad y la democracia pese a que la racionalidad
de unas y otros equivale a sostener que el círculo puede cuadrarse.
Ya no sirven para nada ni siquiera los cuentos del Holocausto y otras
cosas judías que se endilgan al pueblo cubano. Jamás un judío salió de
Alemania a hablar en otro país contra los nazis y regresó enseguida sin
dar con sus huesos tras las rejas o en la fosa.
Así y todo, la claque intelectual del anticastrismo sigue alabando
sonseras antes que advertir realidades para encaminar mejor la
oposición. La crítica se deja para ejercerla nada más que contra el
enemigo, como si hubiera algo más que criticarle al castrismo tras casi
seis décadas de letanías sin haber aclarado la premisa cardinal para
enfrentarlo: por qué no ha dejado de vencer.
En ese babiney tenemos la yunta perfecta para arar sin descanso:
lidercillos políticos sin masas con proyectos disparatados o fallidos, e
intelectualoides sin tino con yerros escandalosos al ejercer el criterio
a favor de la oposición o en contra del Gobierno, desde sonar la hora de
la disidencia con el Proyecto Varela hasta desaparecer una ley o urdir
“desaparecidos” en el registro electoral.
La otra copiadera
Y en cuanto a copiar, la oposición pacífica principió a hacerlo desde
que el Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH) transitó a Partido Pro
Derechos Humanos de Cuba (PPDHC) en 1988 y tuvo la ocurrencia de remedar
el plebiscito nacional en Chile para abrir el camino hacia las pamplinas.
Aquí y ahora la oposición no tiene otra opción racional que dar guerra
en las urnas, porque no se trata de que esta sea una propuesta de
alguien para tumbar al Gobierno, sino de que es la única carta política
que le queda por jugar al anticastrismo tras perder tanto la guerra
civil como la carrera de fondo en la paz.
No solo fracasó el movimiento políticamente correcto [porque buscaba
movilizar al pueblo] de Todos Marchamos, pues tan solo marchan algunos,
aunque lo hagan de por vida, sino que el paso del tiempo sin lograr nada
terminó por virar las tortillas en Estados Unidos y la Unión Europea.
José Daniel Ferrer, Manuel Cuesta Morúa y otros opositores planean dar
guerra electoral a partir de las próximas elecciones (2017) municipales
[únicas que admiten libre proposición de candidatos], pero este ademán
políticamente correcto tiene como plataforma la Mesa de Unidad de Acción
Democrática (MUAD), que copia al descaro la Mesa de Unidad Democrática
(MUD) de Venezuela y de este modo se desvirtúa la puja por las Asambleas
Municipales al venir convoyados los candidatos con un programa de
cambios tales como elecciones libres y plurales, reconocer a la diáspora
cubana como parte de la nación y estimular el desarrollo de la pequeña y
mediana empresa privadas, que no son cosa de los delegados a dichas
asambleas.
En el contexto cubiche, la genuina función opositora de los candidatos
de MUAD consiste en que, una vez elegidos, aboguen por rechazar las
candidaturas a diputados a la Asamblea Nacional, las cuales se someten a
la aprobación de las Asambleas Municipales. Tampoco esto es una
propuesta, sino la única manera de meter figuras de la oposición en el
parlamento e intentar los cambios antedichos. Entretanto los delegados a
las Asambleas Municipales no tienen otra función que (des)atender a las
necesidades del barrio.
Esa es la única carta opositora racional que queda sobre el tapete
político, a menos que, alumbrado por la luz de Yara, el paro nacional
“gradual” que Antúnez anunció el 8 de agosto de 2013 en Miami
fructifique como la huelga general del 12 de agosto de 1933 que tumbó a
Machado.
El Partido de la Patria
Machado y también Batista no fueron dictadores que la nación cubana
merecía, como sí lo fue Fidel Castro. Y así como la intelectualidad
castrista que tiene, esa nación merece también la intelectualidad
anticastrista de que dispone, sobre todo aquellos que cambiaron de
casaca porque le pisaron los callos o atinaron a darse cuenta, como
cualquier balsero, que la vida resulta más soportable fuera de la Isla
de Cuba pintoresca.
El quid radica en que el balsero común y corriente no hacía ciencia a
favor del Gobierno antes de embarcar y tras desembarcar empezó a hacerla
en contra del Gobierno. Allá simplemente robaba o mentía para
sobrevivir, y aquí no viene a hablar de la patria, sino del pago de la
renta, la carestía de la vida, los seguros y los créditos… A ese nivel
de sinceridad y franqueza no puede tragarse ni al pobre infeliz que
planifica dentro la transición a la democracia en cinco pasos, ni a la
claque intelectual que alaba desde fuera semejante alienación como
discurso de la resistencia.
Coda
Entretanto no queda más remedio que divertirse en Internet con un
intelectual que se vio obligado, por la propia Internet, a hacer algo
que nunca hizo: hablar de sí mismo, o con un brigadier que noticia que
Castro “prepara su mausoleo en el Pico Turquino”, como si, de haberlo
tenido previsto, no hubiera tenido tiempo para mandar a hacerlo cuando
estaba al pico de la piragua en 2006.
Y no queda más remedio porque arando con la yunta descrita más arriba no
habrá jamás una Cuba libre y soberana, ni pluralista ni tolerante, ni
científica ni humanista, sino una Cuba que seguirá viviendo del cuento
con intelectuales vividores o advenedizos.

Source: La intelectualidad rastacuera – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/la-intelectualidad-rastacuera-325876

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