Internet en Cuba

Los millones de una cabeza con boina
JOSÉ HUGO FERNÁNDEZ | Miami | 17 Mayo 2016 – 8:32 am.

Cuentan que el Che, en un esfuerzo inútil por evadir la pelona a última
hora, intentaba convencer a sus ejecutores de que, para ellos, valdría
más vivo que muerto. Fue otra de sus equivocaciones. Ni remotamente
calculó el dineral que llegaría a valer después de muerto. Y no solo
para el bando contrario. También para el propio.

Lo ha ratificado hace unos días su presencia (subliminal o no) en el
Prado de La Habana, durante el suntuoso desfile de Chanel. Pero es algo
que resulta conocido desde hace tiempo. Con punto más que cero de
inversión para obtener ganancias millonarias, el negocio con la imagen
del Che Guevara devino un nuevo Potosí de nuestros días. Poco importa
que en la política concreta su utilidad no sea mayor que la de una
maquinaria para embotellar crepúsculos.

Por esos extraños resortes de la psiquis humana, su rostro, muy parecido
al de Cantinflas, pero con expresión de mala leche y brillo de odio en
la mirada, amenaza hoy con emular en popularidad, o al menos en
promoción pública, con el que presuntamente debió ser el rostro de
Jesucristo. La diferencia estriba en que las hazañas espirituales y
materiales que se le acreditan al Hijo del Hombre no podrían ser jamás
superadas por su impronta física. En tanto, el Che ha pasado a ser,
sobre todo, una cabeza con boina, un talante mucho mejor conocido que su
historia, un emblema que atrae simpatías y veneraciones más por lo que
simboliza que por lo que realmente fue o lo que hizo en vida: icono del
merchandising de la llamada sociedad de consumo.

Pero ocurre que, igual que en tantos otros casos, los enemigos del
capitalismo resultan los primeros beneficiarios de sus dividendos, por
más que se escuden en la hipocresía y el cinismo que les son
connaturales. Tiempo atrás, su viuda, Aleida March, calificó de
repulsiva la subasta de un mechón de pelo del Che, llevada a cabo por un
exagente de la CIA que parece haber participado en su captura y ejecución.

Repulsivo, espeluznante, insano es que alguien se dedique a vender
restos humanos, sean de quienes fueran. Pero no menos ominosa y
aberrante es la conducta de aquellos que participan en la subasta con
interés por comprar tal mercancía. ¿Y quiénes serían esos compradores
para el caso, sino los heroicos guevaristas de cátedra y salón y foro?

¿Y hasta qué punto esos practicantes de necrolatría del peor gusto se
diferencian moralmente de otros cientos de miles de fanáticos que visten
camisetas con la cara del Che o vuelan en masa hasta La Habana para
retratarse al pie de su efigie en relieve que preside el edificio del
Ministerio del Interior (nada menos), y de paso coleccionan como
souvenir las monedas de tres pesos —símbolo del esperpento económico de
Guevara y Fidel—, sin que les importe exhibirse como adoradores o
propagandistas del odio y de la violencia criminal?

Gracias a esta crema y nata, engrosada por un insufrible batallón de
gente frívola con el más diverso origen, están llenando sus arcas los
mercaderes de la imagen del Che, situados por igual a la izquierda o la
derecha de su ideología. Los diferencia únicamente el discurso santurrón
y desaprensivo de la izquierda, y muy en particular el del régimen
cubano, aun cuando a algunos de sus voceros se les escape de vez en
cuando la verdadera intención, como fue el caso de Silvio Rodríguez,
quien justo sobre la banalidad guevarista de Chanel en La Habana, dijo
que le daba lo mismo quiénes fueran a posar siempre que pagasen bien.

Ché, revolución y comercio

En la exposición Che. Revolución y Comercio, presentada hace ya algunos
años en el International Center of Photography de Nueva York, fue
exhibido un centenar de enseres, prendas de vestir, obras de arte y
propaganda de toda laya que, durante cuatro décadas, habían puesto en
órbita comercial la cabeza con boina en más de 30 países. Hoy el número
de esos objetos se ha multiplicado.

El rostro en cuestión es uno de los más reproducidos en la historia de
la fotografía. Circula en camisetas, posters, gorras, ropas, muebles,
tatuajes, bisutería, portavasos, carpetas, pegatinas, zapatillas, pins,
toallas, perfumes franceses (y cubanos), bebidas alcohólicas, diversos
artículos de lujo entre los que se incluye ropa interior femenina,
piyamas, bikinis, tabaco, marcas de automóviles… En fin, hasta un cartel
gigante con su cabeza coronada de espinas ha sido utilizado por cierta
iglesia británica para atraer adeptos. Y aún se recuerda la
controversial serigrafía Che Gay, donde sirvió de icono para amantes de
una preferencia sexual que mucho despreciaba el guerrillero.

Constan noticias precisas sobre los miles de millones de dólares que ha
estado generando este negocio transnacional de la cabeza con boina. Por
ejemplo, es bien conocido que una de las comercializadoras por internet
más importantes del mundo, la estadounidense eBay, ha llegado a ofrecer
al público una variedad de 3.040 diferentes t-shirt con esa imagen. Y no
es la única, desde luego. El boom comercial de la marca “Che Guerrillero
Heroico” es ya un hecho corriente. Lo que nadie conoce —y muy
posiblemente no se llegue a conocer nunca— son las cifras que por este
concepto obtiene hoy la industria turística cubana.

No hay un solo hotel, tienda, feria o centro comercial en áreas
turísticas de la Isla donde no se comercialicen los más variados
souvenir con esa imagen, a precio de oro, fuera del alcance económico de
cualquier trabajador cubano. Y es fácil suponer que ni uno solo de los
cientos de miles de visitantes guevaristas —sean de pacotilla o de
aberrada militancia— se marchan hoy de la Isla sin comprar su
correspondiente cabeza con boina, o sin haber pagado por visitar sus
sitios de culto para turistas.

Es igualmente sabido que tanto el autor de la foto original, Alberto
Korda, como su heredera, se han mostrado escrupulosos ante la
manipulación comercial de esta obra. También se sabe que la familia del
Che ha pedido cuentas en más de una ocasión a los mercaderes extranjeros
de su imagen. Sin embargo, no ha trascendido hasta hoy que unos o los
otros exteriorizaran inconformidad o presentaran demanda ante el uso y
abuso del monopolio comercial del régimen.

Tal vez sea otro de los misterios que nos acompañan. O quizá no lo es
tanto. Y se explica en el hecho de que aun cuando ya nadie en Cuba
quiere ser como el Che, todavía hay algunos a los que no les viene nada
mal vivir bajo su mítica sombra.

Source: Los millones de una cabeza con boina | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1463470333_22417.html

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Archives
Calendar
May 2016
M T W T F S S
« Apr   Jun »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.