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Cuba en 2015: ¿un nuevo filón propagandístico?
JORGE GONZÁLEZ VÁZQUEZ | Madrid | 1 Ene 2016 – 4:04 pm.

Cuando en abril de 2013 Beyoncé se plantó en La Habana, con sus sinuosas
curvas de mulata y su andar despampanante, y se dejó fotografiar a plena
luz del día por decenas de reporteros gráficos, seguramente no era
consciente de que inauguraba otra alfombra roja, una larga e invisible
alfombra roja que se extendería en el tiempo, atravesando de punta a
punta la ciudad.

La estrella del pop visitaba la Isla acompañada por su esposo, el
también cantante y productor musical Jay-Z, las madres de ambos y un
séquito de hercúleos guardaespaldas, en un viaje con matices de privado
y oficial, si resulta posible tal dicotomía. La visita era privada
porque, según trascendió luego en varios medios de comunicación, la
exitosa pareja de la industria de la música estadounidense escogía Cuba
para celebrar su quinto aniversario de boda. Era oficial pues
solicitaron una licencia, un visado de tipo cultural al Departamento del
Tesoro de Estados Unidos, hecho que los comprometió a pasarse por varios
centros de enseñanza artística de La Habana.

Lo cierto es que, privada u oficialmente, Beyoncé y Jay-Z revolucionaron
durante tres días las calles de La Habana mientras comían o cenaban en
los célebres paladares o paseaban a bordo de “almendrones”, los coches
clásicos norteamericanos típicos de la ciudad. Yo mismo fui testigo de
cómo centenares de personas les montaron guardia frente al hotel
Saratoga con tal de comprobar, al menos desde lejos, que —en efecto— una
Cuba derruida podía acoger a personajes de semejante abolengo
internacional. Fui testigo, además (¡oh, sorpresa!), de medios de prensa
nacionales a los que “desde arriba” se les permitió difundir parte de la
noticia, siempre de forma breve y muy sucinta, claro está.
Evidentemente, “algo” se estaba ya cuajando.

Tendría que pasar “algo” en realidad potente para que otra estrella
desfilase por la Isla: el anuncio del restablecimiento de las relaciones
diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos el 17 de diciembre de 2014. Fue
entonces que en febrero de 2015, Paris, heredera del imperio Hilton,
documentaba a través de las redes sociales su paso por La Habana.
Incluso, algunas fotos fueron tomadas en el otrora majestuoso hotel
Habana Hilton, inaugurado por su bisabuelo Conrad en marzo de 1958,
nacionalizado por Fidel Castro unos meses más tarde y convertido en el
Habana Libre. Resulta que Paris y la supermodelo Naomi Campbell eran las
invitadas de honor a una lujosa cena de gala organizada ¡por el Estado!
durante el Festival Anual del Habano, así que —rodeadas de altos
funcionarios gourmet— aprovecharon también para contonear sus cuerpos
por emblemáticos sitios de la capital cubana.

Lo de Rihanna fue ya conmoción. Quien localice los vídeos que el pasado
mayo “viralizaron” internet podrá ver a la artista barbadense posando
sensual en varias esquinas de las barriadas El Cerro y Centro Habana,
seguida por focos, flashes, maquilladores, y una marea humana que,
desgañitándose, coreaba su nombre desde las aceras descuidadas y las
azoteas, conservadas como pueda cada quien. El 6 de octubre se supo que
Rihanna sería portada de la revista Vanity Fair en su edición de
noviembre, y que aquellas imágenes, tomadas nada menos que por la
fotógrafa de celebrities Annie Leibovitz, formaban parte de un amplio
reportaje sobre la diva producido para esa publicación.

Pero, ¿dónde termina el interés real por Cuba, su cultura riquísima, su
gente única, y comienza el filón propagandístico? ¿Hasta qué punto
aparecer hoy en La Habana es garantía de aparecer mañana en las
noticias? ¿Se está convirtiendo el país en un photocall, en una manera
encubierta de obtener publicidad gratuita?

Por ejemplo, la inocente Katy Perry no se conformó con una visita. Quiso
dos. La cantante, seleccionada por la revista Forbes como la artista con
mayores ingresos en 2015, fue vista y reconocida el 10 de octubre en
numerosos sitios de la vida nocturna habanera. Días más tarde, tras el
impacto de sus primeras fotos en La Habana y después de haber ofrecido
un concierto en Puerto Rico como parte de su gira “The Prismatic Worl
Tour”, volvió a Cuba y reacaparó titulares en un puñado de agencias de
noticias, sobre todo por su encuentro en un bar con Mariela Castro, hija
de Raúl Castro, en lo que pareció un diálogo acerca de los derechos de
la comunidad LGTB, tema que ambas dicen defender.

Y el otro extremo: ¿quién publicita a quién? ¿No se trata acaso de un
negocio recíproco en el que ambas partes —Cuba y el artista— deberían
salir beneficiadas? ¿No está desaprovechando el Gobierno cubano esta
irrepetible oportunidad para abrirse a la prensa rosa y, de paso,
higienizar en el exterior la imagen de sus productos y mal afamados (por
no decir paupérrimos) servicios? Porque, como señalé antes, me consta
que en medios oficiales apenas han aparecido unas exiguas informaciones
de los casos mencionados: aquellos que han convenido al Estado con el
fin de politizarlos un poco.

Cuba interesa. Cuba está muy de moda y es hoy más exótica y turgente que
nunca. Hay mucha expectación y cierto morbo en torno a lo que está
ocurriendo y pueda pasar en Cuba. Entre otros, pregúntese, ¿cuál es uno
de los motivos por los que está usted leyendo estas líneas?

Y no solo los extranjeros, haciendo piruetas y malabares para adquirir
una propiedad o abrir un negocio allí que les resulte lucrativo, o las
empresas e inversionistas foráneos (incluida Apple, el megalodón de las
multinacionales), limándose los dientes para sacar algún beneficio de
esta coyuntura, también los it people y quienes los representan han
visto el filón, y no piensan dejarlo pasar.

El 3 de octubre, una foto de Mick Jagger en La Habana comenzó a circular
por la red, y con ella el rumor de un posible concierto de Rolling
Stones en el Estadio Latinoamericano para comienzos de 2016. Dos días
más tarde, una aplicación que registra la actividad de los usuarios en
Twitter aseguraba que durante las primeras 12 horas del lunes 5 de
octubre se produjeron más de dos millones de impresiones a los términos
cruzados “Mick Jagger+Cuba”, con impacto en todo el universo de esa red
social en sus diferentes idiomas.

Solo unas horas después, Dominic Miller, guitarrista de Sting, aseguraba
en La Habana que el reconocido músico británico y exintegrante de Police
deseaba presentarse en Cuba antes que los Rolling Stones, “porque esto
es una carrera y quiere que seamos los primeros en hacer algo grande aquí”.

Sí, 2015 ha sido un año de pocos cambios sustanciales y bastante
faranduleo, coronado por sendas presentaciones de Olga Tañón en Santiago
de Cuba y La Habana. El pan y circo de hace décadas, pero esta vez con
glamour; mas si significa una pizca de alegría para mi pueblo, si
gracias a ello un cubano puede cumplir su sueño de avistar o escuchar en
directo al artista que prefiere, como en antaño, quien escribe estas
líneas se da por satisfecho, aunque termino mis reflexiones
preguntándome: ¿Por qué habrá un desfile de Chanel en La Habana el
próximo 3 de mayo? ¿Por qué será Cuba el primer país latinoamericano
donde desembarque la colección Crucero de esta casa de alta costura?
¿Por qué el excéntrico Karl Lagerfeld, como informara la marca en un
comunicado, encuentra justamente ahora “una fuente de inspiración” en Cuba?

La mesa está puesta. ¡Personajes del mundo, servíos!

Source: Cuba en 2015: ¿un nuevo filón propagandístico? | Diario de Cuba
www.diariodecuba.com/cuba/1451501330_19171.html

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