Internet en Cuba

Nuestra historia es un dogma
“Manipular la historia nacional para exaltar una figura política, es
típico de los regímenes totalitarios”
viernes, noviembre 27, 2015 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- Si algo llama la atención sobre la restauración del
antiguo Palacio Presidencial no es que, en tiempos de fingir una vuelta
al ayer (pensemos en la rehabilitación del Capitolio o la reintegración
en la OEA, por ejemplo), continúen nombrándolo Museo de la Revolución,
sino que colocaran a la entrada un cipo donde se puede leer: “…donde
está toda la historia”. Una frase que, para algunos, es el reflejo de
una manipulación del pasado que define el modo en que se ha pensado la
nación cubana desde 1959 hasta el presente, extenso período en que
nuestras investigaciones históricas, de cierto modo, parecieran haber
sido secuestradas por el poder.

“Preguntas a cualquiera en la calle y muy pocos pueden decirte algo de
la etapa que va desde la llegada de Colón hasta la entrada de Fidel
Castro en La Habana. […] Para muchos, la historia de Cuba es lo que pasó
en los últimos 60 años, y restringiéndose solo a lo que aparece en el
periódico Granma o, a lo sumo, en los libros de historia por los que
obligan a estudiar en Cuba”, afirma Daniela de Armas, joven profesora e
historiadora cubana actualmente radicada en México: “Dentro de Cuba la
enseñanza de la historia se mezcla con la ideología en el poder y muchos
conceptos como nación se falsean, se confunden, pero muy a propósito,
para reducirlo todo a una consecuencia de lo diseñado por Fidel Castro,
y él mismo como una consecuencia del pasado. […] Desde la perspectiva
del gobierno, todo comienza y termina con la revolución, antes no había
nada, solo caos; y llegó dios e hizo el mundo, esa es la idea que
intentan transmitir, muy bíblica, nada novedosa, muy funcional para sus
propósitos de ser el alfa y el omega de la nación cubana. Después de
ellos, el diluvio. […] No creas, esa idea está latente en muchas
personas, incluso fuera de Cuba, lo veo entre mis estudiantes, y es
porque, hacia el exterior, se han usado los estudios históricos como
propaganda de mercado”.

“Manipular la historia nacional para exaltar una figura política, es
típico de los regímenes totalitarios”, nos explica un prestigioso
investigador y profesor de Historia de la Universidad de La Habana que
ha pedido no ser identificado: “No se trata de magnificar la nación sino
de justificar la permanencia en el poder por la fuerza. Son un “mal
necesario”. Todos los dictadores se creen imprescindibles para la nación
e incluso agregan su figura al concepto y para eso promueven un proceso
de deificación a través de las artes y la historia. La mejor poesía es
la que canta loas sobre ellos y la mejor historia es la que sale de su
boca o de sus acólitos. La historia, para ellos, nada tiene que ver con
la verdad sino con la construcción de un paradigma para esas multitudes
ansiosas de colocar su fe en algo. […] Dentro de Cuba, ligados a las
instituciones oficiales, es muy difícil lanzarse a estudiar la historia
de los últimos 60 años si no se tiene el visto bueno de quienes
administran el gran relato. Al final, te encuentras que no investigas
sino que reproduces un mito, lo alimentas, es decir, haces religión, te
conviertes en guardián de un dogma. […] Han manejado todo bajo la idea
del líder supremo como ser divino, más allá de lo mortal. La figura de
Fidel es la del súper héroe que sobrevive a atentados, a enfermedades,
que amenaza con vivir más que cualquiera, el iluminado que vaticina
catástrofes y que a la vez conversa de tú a tú con tres Papas. El hombre
que lo sabe todo y que lo observa todo desde la perspectiva del Olimpo y
que alimenta el terror por todos los medios. Al final, te encuentras
que, donde parece haber mucha historia escrita, no hay nada, un vacío
cada vez más grande que nadie, dentro de Cuba, se atreve a llenar porque
es propiedad privada”.

Si no me dicen que los van a evaluar, ni me tomo el trabajo de
comprarlos, asegura Vanessa (foto del autor)

Al observar los anaqueles de nuestras librerías y bibliotecas, por el
número de libros sobre la revolución cubana y sus dirigentes, pareciera
que esa visión oficial de la historia de Cuba ocupara un lugar
importante en las preferencias de los lectores en el país, sin embargo,
en opinión de libreros, bibliotecarios y estudiantes son libros que ya
apenas se venden o se leen en sala, a no ser que sean orientados como
material de estudio por los profesores.

“Si no me dicen que los van a evaluar [en clase], ni me tomo el trabajo
de comprarlos”, nos asegura Vanessa, una estudiante de Historia de la
Universidad de La Habana: “Hay muchas divergencias entre lo que dicen
los profesores en clase, a puerta cerrada y en voz bajita, y lo que uno
lee en los libros [oficiales]. Si no tuviera un profesor que me diga
dónde buscar y cuánto dudar, estaría perdida”.

“Hay períodos de la historia de Cuba que son como parcelas privadas.
Todo lo que uno sabe de esas etapas proviene de la misma fuente, y no
hay posibilidad de contrastar la información”, dice Pablo, estudiante
universitario y vendedor de libros de uso en la Plaza de Armas: “No se
vale contradecir o poner en duda otras visiones que son las aprobadas.
La mayoría de los libros publicados en Cuba necesitan una lectura
crítica, un proceso de criba para hallar la verdad entre líneas pero a
veces ni así. El estudioso quiere saber la verdad, y no que lo sigan
tupiendo. No es que la gente no quiera saber de la historia, es que para
leerse un invento mejor compran una novela. Los libros de historia y de
política son solo suvenires para turistas”.

Ernesto Ponce, historiador y bibliotecario independiente, nos da su
visión del asunto: “Los libros que ofrecen datos y testimonios que
fueron siempre rechazados por la historia oficial se convierten en
verdaderos best seller dentro de Cuba. Últimamente han salido algunos,
como el de los propietarios cubanos antes del 59, que están por esa
línea de mostrar que hubo un pasado y que fuimos una nación entre las
primeras de América. […] Ese libro no hubiera visto la luz en los años
70, ni siquiera en los 90. […] Los libros que nadie quiere son los de
puro teque, hay otros que parecen de gran aceptación pero es que los
medios le hacen mucha propaganda y parece que todo el mundo quiere
leerlos pero ya el truquito no está funcionando y se empantanan en las
librerías. […] La internet está haciendo que las personas se salgan del
corralito y el gobierno muy pronto tendrá que bajar las armas ante esa
marea de nuevos historiadores desafiantes, irreverentes, críticos que
tendrán que reescribirlo todo para deshacer el maleficio”.

Nadie sabe si los cambios que pretenden transformar de manera radical la
economía cubana terminarán por afectar el andamiaje sobre el cual se
alza la nación cubana, para algunos, construido de materiales demasiado
endebles como para resistir una puesta al día que demanda más de lo real
que de lo mitológico. La investigación histórica, que en Cuba en
ocasiones parece perderse en los márgenes de lo ficcional, pudiera dejar
de ser un terreno resbaladizo, muy peligroso, para convertirse en
elemento indispensable en la reconstrucción nacional.

Source: Nuestra historia es un dogma | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/nuestra-historia-es-un-dogma/

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