Internet en Cuba

‘A pedir por esa boca’
ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES | Los Ángeles | 30 Ene 2015 – 7:48 am.

El reciente discurso de Raúl Castro revela su táctica: dilatar al máximo
el proceso de acercamiento con EEUU, aunque sin hacerlo abortar, dada la
pésima situación venezolana.

Las declaraciones de Raúl Castro el pasado miércoles en San José de
Costa Rica acerca de que la normalización de relaciones con Estados
Unidos no será posible si ese país no levanta el embargo, devuelve la
Base Naval de Guantánamo a Cuba y da una compensación multimillonaria al
régimen, entre otras exigencias, confirman que las negociaciones entre
La Habana y Washington se van a basar en el patrón que rige la
“actualización” del socialismo castrista: “sin prisa, pero sin
pausa”que, en verdad, significa muchas pausas y poca prisa.

Tal intransigencia, hecha pública en la conferencia de la CELAC, revela
la táctica de dilatar al máximo el proceso iniciado en La Habana hace
unos días, aunque sin llegar a hacerlo abortar, pues el mecenas
venezolano está al borde de la quiebra.

La legitimización del castrismo por parte de la Administración Obama ha
envalentonado a la gerontocracia isleña —con el apoyo de los gobiernos
izquierdistas latinoamericanos— y el dictador ha comenzado a “pedir por
esa boca”, sin dar nada a cambio. La ley del embudo, como se decía antes
en la Isla.

Y es que la cúpula militar cubana sabe que el presidente Barack Obama
quiere dejar como un legado presidencial suyo el restablecimiento de
relaciones con la Isla a como dé lugar y hará todas las concesiones que
hagan falta para conseguirlo. Por tanto, nada mejor que apostar fuerte
y exigir más y más, incluso si muchas medidas dependen del Congreso
—ahora con mayoría republicana en ambas cámaras— y no de la autoridad
del mandatario estadounidense.

O sea, se trata de colocar fichas en la mesa que podrían trancar el
juego, pero al parecer solo como un chantaje para arrancar concesiones
que sí están en las manos de Obama y presionar como nunca al Congreso
para que acabe con el embargo. Entre las cosas que puede lograr la Casa
Blanca están el borrar a Cuba de la lista de naciones que apoyan el
terrorismo, ventajas comerciales y tecnológicas en materia de
comunicación, suavizar el embargo con decretos ejecutivos, y otras.

Mecenas venezolano en crisis

Con el desplome del precio del petróleo la economía de Venezuela se
encamina al desastre en 2015 (una caída de un 7% en el PIB, según estima
el Fondo Monetario Internacional), lo cual puede poner fin, o reducir
brutalmente los subsidios por 10.000 millones de dólares anuales que
han mantenido a flote la economía cubana en los últimos 14 años.

Cuba necesita con urgencia encontrar alternativas para paliar
financieramente el previsible descalabro venezolano. Y como Rusia y
China no mantienen a Estados parásitos, lo único a la mano es “un
arreglo con los americanos”.

Algo clave que también nutre la estrategia dilatoria es que los Castro y
su junta militar realmente no están interesados exactamente en las
formalidades diplomáticas con el vecino del Norte, sino en que borren a
Cuba de la lista de países que fomentan el terrorismo para tener acceso
a créditos internacionales, y con la supresión del embargo recibir;
millones de turistas e inversiones que beneficien a los militares y
familiares que ya controlan la economía cubana.

También el general Castro percibe que la desaparición oficial y
repentina del “enemigo” histórico puede generar una nueva dinámica
popular en la sociedad cubana que podría traducirse en que los
ciudadanos se sientan más “sueltos” para pedir otras mejoras colaterales
que vayan más allá de los límites trazados para el modelo cívico-militar
que ya se cocina para instalar el relevo neocastrista de capitalismo de
Estado.

La reanudación de relaciones con EEUU también pudiera estimular a la
corriente más pragmática dentro del castrismo a alentar —en voz baja— la
“modernización” de la dictadura para hacerla más flexible y menos
fascista, es decir, realizar reformas más profundas.

En fin, que la elite militar del régimen quiere tiempo, primero para
arrancar el máximo de concesiones a EEUU, y segundo para “crear las
condiciones” (frase del léxico castrista) y asegurarse de que el
deshielo bilateral no vaya a derivar en una posible perestroika o
alterar el esquema postcastrista ya diseñado, o incluso provocar
potenciales fricciones en el alto mando de la nación.

Obama decidió reanudar las relaciones diplomáticas con Cuba sin
presionar antes a un régimen violador de los derechos humanos que, por
estar en crisis terminal, no está en condiciones de andar exigiendo
nada, y sin tener en cuenta a la oposición política interna y a la
diáspora. Ello constituyó la mayor victoria obtenida por el castrismo en
toda su historia. Pero paradójicamente ahora, con la pelota en La
Habana, en la cima de la dictadura no hay un consenso definitivo sobre
cómo manejar del todo una situación que es política e ideológicamente la
más compleja en 54 años.

“Bajar el tono”

Una expresión de la estrategia dual de exigir pero sin llegar a la
ruptura es que mientras Castro y su gobierno mantienen una posición muy
dura en las negociaciones, el Departamento Ideológico del Comité Central
del Partido acaba de dar instrucciones a todos los directores de los
medios de comunicación del país, incluyendo Granma y la TV Nacional, de
“bajar el tono” al referirse a EEUU, evitar los ataques y tratar las
informaciones sobre las negociaciones en forma menos política y más
noticiosa.

También es cierto que, pese a todos los controles para monopolizar las
relaciones con EEUU y circunscribirlas al ámbito de la casta militar que
domina la economía, el acercamiento a los “americanos” de una forma u
otra va a permitir que muchos cubanos, incluyendo cuentapropistas,
reciban remesas más cuantiosas. Los paladares y otros servicios privados
tendrán más clientes, etc.

La mala noticia aquí es que la dictadura va a tratar de asfixiar las
aspiraciones de los cuentapropistas y de los cubanos de la Isla con
disposiciones y restricciones de todo tipo. Todo se hará mediante
empresas estatales controladas por los militares y sus familias,
altísimos impuestos, regulaciones y prohibiciones. Los cubanos seguirán
sin acceso a internet, sin libertad de expresión o para crear empresas
prósperas y crecer, sin los derechos individuales más elementales del
mundo moderno, y recibiendo golpizas o penas de cárcel por no pensar
igual que los jerarcas comunistas.

En otras palabras, no debe confundirse el deseo con la realidad, con los
Castro en el poder no cabe esperar prosperidad real en la vida de los
cubanos, haya o no una embajada estadounidense frente al Malecón. Ellos
hundieron a Cuba y no la van sacar a flote. Es necesario un nuevo liderazgo.

Por eso cuando en estos días uno habla con cubanos que viven en la Isla
y están de visita en Estados Unidos observa que apoyan la normalización
de las relaciones entre La Habana y Washington, pero que, al menos los
mejor informados, no esperan una mejoría real en las condiciones de
vida de los cubanos.

Uno de ellos, amigo mío desde la infancia, me dijo en forma concluyente:
“Creo que la gente se ha embullado excesivamente y demasiado pronto”. Y
agregó que si por fin hay relaciones normales con EEUU no habrá cambios
mayores en la vida nacional porque el régimen se caracteriza “por
trancar y no por aflojar”, y va a continuar monopolizándolo todo como
siempre.

Al preguntarle por qué es tan pesimista, fue categórico: “Porque conozco
el paño”.

Source: ‘A pedir por esa boca’ | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1422565849_12605.html

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