Internet en Cuba

La enrevesada diplomacia entre Cuba y EE UU
Hace décadas que EE UU y Cuba aprovechan visitas de políticos o
personajes influyentes para enviarse mensajes
SILVIA AYUSO Washington 24 NOV 2014 – 21:17 CET2

“No es verdad”. Así de tajante fue la respuesta de un alto funcionario
del gobierno de Estados Unidos a la afirmación de fuentes diplomáticas
españolas de que el ministro de Relaciones Exteriores de España, José
Manuel García-Margallo, llevaba “mensajes muy concretos” de Washington a
La Habana, donde se encuentra de visita oficial.

Desde el Departamento de Estado, presunto origen de la supuesta
petición, la respuesta era menos contundente y más abierta a la
interpretación: “No confirmamos. Nos remitimos al gobierno de España
para cuestiones sobre el viaje del ministro”, replicaron a preguntas de
EL PAÍS.

Bajo el mandato de Barack Obama, el gobierno de EE UU ha empezado a
hablar cara a cara con algunos de sus enemigos históricos, como muestran
las intensas negociaciones del secretario de Estado, John Kerry, con su
par de Irán, Mohamed Javad Zarif, este fin de semana en Viena.

Pero aunque ha habido no pocos contactos entre funcionarios de nivel
intermedio de Cuba y EE UU -para tratar desde temas migratorios a la
reciente epidemia de ébola en África- el vis à vis de sus más altos
responsables está aún por ocurrir.

La oportunidad para ello no está sin embargo lejos: tanto Obama como
Raúl Castro están invitados, en abril, a la Cumbre de las Américas, la
reunión que cada tres años reúne a todos los jefes de Estado y gobierno
del hemisferio y que en esta ocasión contará también, por primera vez,
al presidente cubano, por reclamo casi unánime de sus colegas
latinoamericanos.

Dado que la invitación no ha sido aún girada oficialmente por el
gobierno panameño, Washington no ha tenido que confirmar por el momento
su asistencia, ni a qué nivel lo hará. Pero crecen las presiones para
que acuda, y que lo haga al más alto nivel, es decir, que vaya Obama,
como ha hecho en las dos citas anteriores.

Ello haría que, con gran probabilidad, se produzca un encuentro cara a
cara entre los presidentes en activo de EE UU y Cuba eludido durante más
de medio siglo, salvo el breve apretón de manos entre Obama y Castro
hace ahora un año en el funeral por Nelson Mandela.

La presión hacia Washington no proviene solo de América Latina y de
algunos de sus máximos aliados en la región, como Colombia. El
influyente The New York Times lleva semanas criticando el embargo contra
la isla y la falta de gestos hacia Cuba desde sus páginas editoriales,
donde han salido publicados ya seis artículos sobre el tema, en inglés y
español, en poco más de un mes.

Pero para que la inédita imagen de un presidente estadounidense sentado
en la misma mesa que un líder de la revolución cubana se produzca, hay
que superar primero un escollo diplomático con nombre y apellidos: Alan
Gross, de cuya detención en La Habana está a punto de cumplirse el
simbólico quinto aniversario.

Washington ha puesto como condición innegociable para cualquier gesto
hacia Cuba la liberación de este contratista de 65 años, condenado a 15
de cárcel por introducir equipos con acceso a Internet. La Habana por su
parte ofrece un canje de Gross por los tres de los cinco agentes cubanos
que aún cumplen largas condenas de cárcel -uno de ellos incluso dos
cadenas perpetuas- por espiar a la disidencia.

Aunque el gobierno estadounidense ha rechazado oficialmente este canje,
expertos en las relaciones bilaterales coinciden en que prácticamente
solo una negociación en este tema podría dar resultados. Y ponen como
ejemplo la Crisis de los Misiles que medio siglo atrás enfrentó a los
icónicos John F. Kennedy y Fidel Castro y que puso al mundo entero al
borde de una guerra nuclear total. La crisis se resolvió cuando el líder
soviético Nikita Jruschov accedió a retirar sus cabezas nucleares de
Cuba. A cambio, en secreto, EE UU se comprometía a no invadir la isla y
a desmantelar, unos meses más tarde, los misiles nucleares Júpiter que
había desplegado en Turquía.

La negociación de la liberación de Gross y los tres espías cubanos
podría seguir el mismo patrón, señalan los analistas: primero Gross,
pero con el acuerdo sellado de que los cubanos saldrán de prisión poco
después.

Pero es difícil hilar tan fino cuando no hay conversaciones directas, y
ahí aparece de nuevo la importancia de potenciales emisarios: políticos
o personajes influyentes con una buena relación con los dos gobiernos
que puedan establecer un canal de comunicación lejos de los focos.

“Una cosa es que España le diga a Cuba que (liberar a Gross) sería un
buen paso, y nosotros lo saludaríamos. Pero no vamos a sugerir que
estamos trabajando a través de España en esto”, señalan fuentes
oficiales estadounidenses al respecto.

Precedentes no faltan. Como cuentan William LeoGrande y Peter Kornbluh
en su recién publicado “Backchannel to Cuba”, desde Gabriel García
Márquez a periodistas, empresarios o políticos de terceros países han
servido para pasar mensajes entre La Habana y Washington durante el
último medio siglo de relaciones congeladas.

Tras la visita del presidente de Uruguay, José Mujica, al Despacho Oval
el pasado mayo, el semanario uruguayo Búsqueda afirmó que Obama le había
entregado un mensaje para Raúl Castro. Ninguna de las partes lo quiso
confirmar. Con García-Margallo, pese al desmentido de Washington, podría
abrirse de nuevo la puerta.

Source: La enrevesada diplomacia entre Cuba y EE UU | Internacional | EL
PAÍS –

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