Internet en Cuba

Cuba busca impulsar los negocios privados sin ceder control político
Las reformas socioeconómicas promovidas por Raúl Castro hacen retroceder
la prestación de servicios por el Estado y progresivamente van
solucionando problemas domésticos
JUAN JESÚS AZNAREZ Cuba 29 NOV 2014 – 21:13 CET46

Seguros de haber encontrado el gancho comercial infalible, los creativos
del principal laboratorio estatal cubano concibieron meses atrás dos
perfumes para hombres llamados Ernesto y Hugo: el primero mas recio y
dulce que el segundo, suave y afrutado. Sin ánimo de profanar la memoria
de Hugo Chávez y Ernesto Che Guevara, pero ajenos a lo que se les venía
encima, la dirección de Labiofam presentó la fragancia en un congreso.
La reacción oficial fue fulminante: los responsables del proyecto fueron
expedientados. “Iniciativas de esta naturaleza no serán aceptadas jamás
por nuestro pueblo ni por el Gobierno revolucionario”, sentenció un
comunicado del Consejo de Ministros. “Los símbolos, ayer, hoy y siempre,
son sagrados”.

El laboratorio había trabajado con la mejor de las intenciones:
sintonizar con la consigna gubernamental de aprovechar los recursos de
las empresas estatales, el 80% del total, y hacerlas rentables. Ese es
el objetivo de los 12.000 dirigentes entrenados en “modernas técnicas
empresariales”. Misión casi imposible con el centralismo vigente. El
emprendedor Iván, de 31 años, también quiere ser empresario y rentable
porque su licencia de trabajador por cuenta propia le cuesta dinero.
Alquila su casa a extranjeros o compatriotas residentes en EE UU o
España. Aunque el pasado miércoles llovía sobre la Habana, el animoso
cuentapropista ofrecía alojamiento barato a clientes que salían de uno
de los principales hoteles de la capital. No tuvo mucho éxito en la
captación porque casi todos los turistas llegan en paquetes y con
itinerarios ya concertados.

“Les ofrezco dos habitaciones a 25 CUC [25 dólares] el día”, se explica
Iván, dispuesto a adecuar su oferta de servicios a los requerimientos de
la clientela. Los arrendadores pagan al Estado entre 200 y 300 euros
mensuales en impuestos, según la ubicación de sus casas. Las reformas
socioeconómicas promovidas por Raúl Castro y el Partido Comunista de
Cuba (PCC) en 2011 no modifican la propiedad del Estado sobre los medios
de producción pero progresivamente van solucionando problemas
domésticos. El Estado retrocede en la prestación de servicios y los
negocios privados se consolidan. “Yo compro celulares [móviles] rotos y
utilizo las piezas en un taller de reparaciones que tengo en casa”, dice
un emprendedor que reparte publicidad en el barrio del Vedado
ofreciéndose como relojero de “relojes automáticos, analógicos y mecánicos”.

Excepto los miles que devolvieron la licencia al fracasar, los
trabajadores por cuenta propia siguen siéndolo porque parece
compensarles. No obstante, buen parte de los 11,5 millones de cubanos
percibe un salario en pesos nacionales, en torno a los 20 dólares de
promedio, “que no alcanzan para mantener dignamente a la familia”, según
la conferencia episcopal cubana. El diario Granma, órgano oficial de
PCC, reconocía que la carestía de la canasta básica, el precio de
algunos alimentos fundamentales, desde los ajos, cebollas y tomates a
los frijoles, es un grave problema social. “Lo que preocupa de verdad a
la gente es la crisis del tomate”, ironiza un corresponsal. La factura
de Cuba por la importación de alimentos se acerca a los 2.000 millones
de euros anuales.

Garantizar el suministro de alimentos es prioritario y caro. Mientras
tanto, prosigue en la isla la dinámica sucesión de compraventa de
propiedades, principalmente casas y vehículos; la proliferación de
multas por ilegalidades, entre ellas la construcción de viviendas sin
permiso; la tala de bosques, el robo de material del Estado y la furtiva
pesca de langosta para surtir a comedores cómplices. A los tres años de
la aprobación de los cambios, Cuba continúa adentrándose en el mundo de
la liberalización económica, descartando la liberalización política.
Paralelamente, el régimen afronta todavía asignaturas troncales: la
universalización domiciliaria de Internet, sin limitación de contenidos;
la unificación monetaria y el adelgazamiento de Estado evitando que el
paro alcance cotas inasumibles. El trabajo por cuenta propia como
refugio de los empleados sobrantes tiene sus limitaciones al ser
limitada la capacidad de consumo de la población en moneda fuerte.

Abordo un taxi privado y Jorge me explica que el Estado le cedió un
Lada, un tosco coche de fabricación rusa, para que lo reparase. “Invertí
900 CUC en ponerlo a caminar, pero me va bien. El mes que peor he sacado
unos 150 pesos (convertibles) y el que mejor 500. Pago 12 CUC al día de
impuestos tenga o no tenga clientes”. El número de autónomos ronda los
473.000, a los que hay que sumar las familias dependientes. Poco a poco,
se consolidan en los servicios porque funcionan mejor que el Estado. Las
diferencias son abismales en la gastronomía entre un restaurante privado
y los estatales. La mayoría de los paladares son atendidos por jóvenes
solícitos y agradables. Un decadente comedor estatal, situado en la
Quinta Avenida, la principal de La Habana, todavía atiende con una
plantilla apática. Incluso las cafeterías privadas de barrio,
familiares, alejadas del circuito turístico, son más recomendables.

Las innovaciones en esta parcial transición económica son muchas. El
comercio electrónico con la emigración es una de las soluciones
oficiales para aumentar los ingresos del Estado. “Pones 20 CUC de
recarga y en Cuba reciben 60 CUC”, dice una de las ofertas. Como en la
isla solo funciona el prepago, la diáspora puede recargar los móviles de
familiares o amigos. Vía Internet también puede regalar una cena de 30
euros en un paladar, abonar las comidas navideñas de parientes o
comprarles electrodomésticos.

Los negocios privados también avanzan en el mundo del sincretismo
religioso, que cuenta con discretos tenderetes de objetos de culto. La
señora negra vestida de impoluto blanco, comensal en un restaurante nada
barato, no parece afrontar problemas. Probablemente “hace el santo”, una
suerte de exorcismo afrocubano, comenta un vecino de mesa. “Pero esto de
los caracoles y el babalao con los extranjeros es frecuentemente una
estafa. A un incauto de Oslo o Hanover la broma de las ceremonias yoruba
le puede costar más de 200 euros”.

Source: Cuba busca impulsar los negocios privados sin ceder control
político | Internacional | EL PAÍS –

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