Internet en Cuba

A debate: Cómo acabar de una vez y por todas con el Paquete
Posted on 5 noviembre, 2014
Por Gustavo Arcos Fernández-Britto

El pasado fin de semana asistí al Foro sobre el gusto y el consumo
audiovisual en Cuba, organizado entre otros, por la UNEAC y la
Asociación Hermanos Saíz (AHS) en el Pabellón Cuba. Aunque para la
prensa y televisión, el único que habló fue Abel Prieto, muchos y bien
serios fueron los criterios emitidos por otros especialistas e
investigadores sociales presentes en el evento.

Preocupados por el impacto cultural y la extraordinaria expansión que ha
tenido en apenas dos años el llamado Paquete de la Semana , los expertos
expusieron sus puntos de vista sobre la circulación alternativa y los
contenidos de estos productos de la industria cultural que son
consumidos de manera cada vez más amplia por toda la isla.

Se habló de video juegos, de cine cubano, de televisión, de la crítica
en los medios, de internet, la censura, las nuevas tecnologías, de
proyectos comunitarios, de la enseñanza artística, de políticas
culturales, crisis de valores, del paquete semanal y de su contraparte
oficial, llamada, Mi mochila.

Dos posiciones al ruedo

En esencia el debate expuso dos posiciones: una, aboga por no dejar en
manos “invisibles” la propagación de estos contenidos audiovisuales y en
tal sentido, si no puede destruirse “El Paquete”, lo mejor será
contaminarlo con productos “acordes con los principios de nuestra
política cultural” que no puede ser entregada a las veleidades del
mercado y el pragmatismo comercial. Resumiendo, no se puede ser
ingenuos, pues… de buenas intenciones está hecho el camino del infierno.
Del otro lado se plantea que gracias a las nuevas tecnologías y la
multiplicidad de discursos culturales y artísticos, vivimos en un mundo
donde el control centralizado y unívoco de la cultura ha dejado de tener
sentido.

Los primeros estiman que tiene que existir una fuerza mediadora en esos
procesos, es decir, un crítico, un especialista, un moderador, una
institución que emita su voz de alerta a las masas, para que no consuman
ciertos productos de contenidos “perversos”. Para los otros el arte y
toda su producción tiene que tener una libre circulación, cada cual
disfruta y consume lo que desee y ese mediador solo tiene sentido si
aparece después de la obra, interactuando con los receptores, en un
diálogo de iguales, intentando desentrañar “los misterios, o las
trampas” del producto. Unos, ven al demonio por todas partes y otros…
también, pero se divierten con él.

Como quiera que abordar cada asunto desde todas las aristas requeriría
mil páginas y una emisión del Paquete, me limitaré a compartir un grupo
de observaciones o sugerencias:

1. Desconozco quién o quiénes son los autores materiales del Paquete.
Hay todo tipo de “leyendas urbanas” sobre su origen y ¿siniestros?
objetivos. Sin embargo, de manera simbólica, el Paquete es la respuesta
popular a décadas de férreo control institucional o estatal sobre
nuestros medios. Un signo del hastío con el que los espectadores cubanos
reciben ya, todo ese discurso oficial, saturado de palabras y promesas
que le llega a través de la prensa o la televisión. Prensa y televisión
que van por un lado, mientras la vida real anda por otro. El Paquete o
similares, son ideales para “desconectar” de nuestros dramas
cotidianos, una ventana abierta a otras prácticas culturales, otras
formas de entender y percibir la sociedad, la información, el ocio y el
entretenimiento. Son en definitiva nuestra Internet, nuestra conexión
con el mundo.

2. Desde que nacemos estamos rodeados de imágenes. Ellas conforman
nuestro ser, nuestra conciencia, memorias y pensamientos. En un mundo
que legitima las apariencias y no las esencias, donde importa más la
superficie de las cosas, que las cosas mismas, lo virtual que lo
material, es irresponsable no incluir en nuestras escuelas, materias
relacionadas con la Apreciación Audiovisual, el disfrute del Arte y las
nuevas tecnologías. Si se quiere generar una conciencia crítica, un ser
capaz de ir más allá de lo que ve, de disfrutar y también juzgar, hay
que acabar de reconfigurar todo nuestro sistema de educación para que
haga crecer a individuos con valores espirituales y humanistas, pero no
para encerrarse en un castillo sino para dialogar con el mundo. La
escuela debe ser un espacio para el aprendizaje pero también para la
diversión. No un edificio que propague retórica, sacrificio, dogmas y
aburrimiento que termina por deformar a los alumnos y enajenarlos de su
entorno.

El melodrama nuestro de cada día

3. El ocio, el entretenimiento o el placer no son prácticas espurias en
la conducta humana. La felicidad y la diversión no pueden estar
apartadas del proyecto social cubano. El melodrama forma parte de
nuestras vidas y también la frivolidad, la fantasía y la imaginación.
Nadie tiene el derecho en nombre de ninguna ideología o fuerza, de
escindir, controlar o supervisar las “dosis” de placer que les
corresponden a los cubanos. Toda cultura tiene sus grandes hombres y
mujeres, sus obras trascendentes y sus mitos, su Historia y su poesía.
En ello va su identidad como nación. Pero esa es una jerarquía que
debemos saber reconocer con el tiempo, no, a través de una imposición,
un prejuicio o un dogma. Los productos audiovisuales de circulación
alternativa colocan delante de nuestros ojos infinidad de artistas,
filmes, juegos, libros, series y programas de tv ¿Debemos juzgar
negativamente a alguien porque conozca toda la discografía de Lady Gaga
y ningún tema de Silvio Rodríguez? ¿Deben todos los cubanos considerar a
Carpentier o Lezama como sus autores de cabecera? ¿Es menos legítima la
risa que proporciona un show de Alexis Valdés que la que genera Antolín
el Pichón? ¿Alguien que en un juego de video, mate a rusos o árabes por
decenas, debe ser considerado digno de un manicomio? Y hablando de
juegos, hace 30 años ¿acaso era más noble jugar a los pistoleros y
“matar” a nuestros amiguitos del barrio?

4. Como una letanía escuchamos una y otra vez hablar del pasado.
Recuentos, memorias, historias de lo que fuimos, visitas a una época,
que cuando conviene se añora o idealiza, cuando no, se sataniza. A los
jóvenes se les habla todo el tiempo en pasado, imponiéndoles un discurso
que legitima una época o una gesta que no es la suya. Hombres y sucesos
construidos desde una perspectiva épica y encartonada donde no existen
contradicciones, dudas, ni sombras. Agotados por esa retórica
insustancial que discurre (y se escurre) durante sus años de estudio,
muchos de nuestros jóvenes crecen con vagas referencias, sin mitos y sin
leyendas. Tienen muchos héroes verdaderos, pero muy pocos, o ninguno,
que los haga amar, soñar o fantasear. No debe entonces extrañarnos que
aunque les enseñen a “ser como el Che” tengan en sus computadoras o
celulares las imágenes de sus ídolos que se llaman Lobezno o Naruto.

5. La tecnología ha llegado para quedarse. Hay que entender que los
ciudadanos tienen hoy en día múltiples formas de acceder y disfrutar de
la cultura y esas formas no pasan solamente por el diseño de un modelo
centralizado o estructurado desde una instancia de poder único. Los
espectadores tienen hoy una mayor plataforma donde elegir y determinar
cómo emplean su ocio o tiempo. También escogen a sus amistades, seres
muchas veces virtuales con los que comparten juegos, sueños y aficiones.
Ya hay más móviles en Cuba que teléfonos fijos y en poco tiempo
dispondremos de más computadoras domésticas que televisores. Cada
dispositivo brinda un mundo de posibilidades para el entretenimiento, la
vida, el desarrollo profesional y la comunicación. Por tanto, el
concepto que debe atenderse es el concepto de la Coexistencia. No se
trata de imponer, o estigmatizar, los nuevos medios, soportes y
tecnologías, se trata de entender que las opciones se han multiplicado,
que hay nuevas y diferentes formas de consumo, nuevos espectadores y
nuevas voces que están emitiendo los discursos culturales.

Si nuestros ideólogos no lo entienden…

6. Donde quiera que exista un vacío, una necesidad o expectativa
insatisfecha, será un espacio, llenado, ocupado por otros que pueden
ser, y no, “nuestros enemigos”. Ocultar una información, censurar una
obra, es hoy tarea de necios. Mientras más empeño pongas en ocultar algo
a la luz pública, mayor interés despertarás en los espectadores por
consumirla. El “paquete” se renueva cada semana con cientos de gigabytes
de informaciones, textos y filmes que provienen, por cierto, de todo el
planeta. Una película que no se exhiba en nuestras salas, una noticia no
tratada por la prensa, un suceso de gran impacto social pero aun oculto
en los medios oficiales, un espectáculo deportivo no trasmitido porque
en él participan cubanos que decidieron marcharse, nutren los paquetes
audiovisuales. La curiosidad, el interés, el morbo y la necesidad de
mantenerse al ritmo del tiempo es algo natural en los seres humanos. Si
nuestros ideólogos no lo entienden ¡allá ellos!, lo veremos en el Paquete!!!

7. Una y otra vez escuchamos decir que la vulgaridad y la chabacanería
se han instalado en nuestra isla. Las conductas marginales, la
indisciplina social y el sálvese quien pueda se han convertido en
preocupaciones de todos. Hacer referencias una y otra vez al mal gusto
de la población, los jóvenes o ciertos grupos sociales, nos impide ver
las verdaderas causas de los problemas. Para resolverlos debemos empezar
aceptando que son producto de la propia Revolución, pues esos jóvenes,
“descarriados”, esa población con “mal gusto”, está compuesta en un 70 %
de personas nacidas bajo el sistema socialista. No llegaron de otro
planeta, no fueron implantados en nuestra isla desde el exterior. Lo que
somos, para bien o mal, será resultado de nuestros procesos y no hay que
culpar, ni al bloqueo, ni a los rezagos del pasado y mucho menos a los
productos audiovisuales.

Mi Mochila vs el Paquete

8. Meses atrás las autoridades culturales y los representantes de
organizaciones juveniles se reunieron para idear un proyecto
institucional que le hiciera competencia o al menos sirviera de
alternativa oficial al Paquete. Surgió así Mi Mochila. La idea era
situar en los Joven Club de Computación y otros espacios, unos 300
gigabytes de materiales audiovisuales mayormente de procedencia
nacional, seleccionados por su calidad artística y estética. ¿Cuántas
personas saben que este proyecto existe? Tan pocas, que para asombro de
muchos de los presentes en el Foro del Pabellón Cuba, ni siquiera los
altos funcionarios de la cultura allí presentes estaban claros de su
existencia. Y, ¿no se supone que haya partido justamente de ellos esta
iniciativa? Otro detalle: De los 300 Gb solo se habían podido llenar
poco más de 100, y… con materiales extranjeros pues las instituciones
cubanas (TV, ICAIC) no habían aportado las obras audiovisuales
comprometidas. Resumiendo, ¿qué competencia real puede hacerle Mi
Mochila al Paquete y otras formas de distribución alternativas, cuando
la burocracia y el inmovilismo entorpecen loables iniciativas? Y ¿si uno
de los atractivos del Paquete es su renovación semanal, qué puede
ofrecer de seductor Mi Mochila? Los distribuidores del Paquete se mueven
por toda la isla a la velocidad del sonido. Desde luego, perciben una
ganancia por ello. ¿Podrá Mi Mochila hacer lo mismo? Hasta el momento
solo ofrece un servicio “de oficina” y por cierto muchos de los Jóvenes
Clubes de Computación, están cerrados.

9. El Paquete surge como plataforma ideal para que los nuevos
empresarios privados cubanos promocionen sus servicios. Aprovechando la
penetración social que tiene el dispositivo semanal, se observa, cada
vez con mayor sistematicidad, anuncios y ofertas de sitios
administrados por cuentapropistas. Existen incluso revistas y videos
promocionales de factura nacional que solo circulan en esta plataforma.
Curiosamente el Estado no les ha permitido a los particulares ni
promoverse en los espacios públicos, ni en los medios oficiales,
perdiendo con ello la posibilidad de generar ingresos, que bien le
vendrían a nuestra prensa o televisión para mejorar sus instalaciones.
Nuevamente, donde el Estado se muestra obtuso, la iniciativa popular se
expande a sus anchas.

Rémoras del control

10. Hace casi tres años surgió otro proyecto institucional bajo el
nombre de Plan de Fomento a la Cultura. Aun no existía El Paquete pero,
ya los materiales audiovisuales circulaban por todo el país en memorias
flash y discos duros. El Plan pretendía recuperar las salas de cine, los
talleres y cursos de Apreciación audiovisual, el trabajo comunitario en
la enseñanza artística, las salas de video, los espacios de debate, el
cineclubismo y la crítica en los medios. Con ese fin se copiaron
películas y documentales clásicos de la Historia del Cine que fueron
situados en servidores de algunas universidades e instalaciones de la
AHS. Paradójicamente la única escuela de cine que hay en el país (la
FAMCA) nunca recibió esta valiosa selección. Muy poco ha avanzado este
proyecto que como el de Mi Mochila se ve afectado por la falta de
sinergia y de compromiso real de las instituciones.

Puede que mañana no exista el Paquete, sustituido o superado por otro
sistema o modelo de circulación y consumo alternativo. La necesidad
humana de conocer y de acceder a las múltiples imágenes de este mundo ya
sea para su conocimiento o placer, resulta un proceso indetenible. La
preocupación del Estado por la avalancha de estos productos es legítima
desde una perspectiva cultural e identitaria. Pero para que esa
resistencia cultural tenga algún sentido deberán extirparse todas las
rémoras de control ideológico, intolerancia y prejuicios que rodean las
acciones artísticas. Superar los miedos al verdadero debate sobre los
asuntos que preocupan a todos, sanear la economía y con ello mejorar la
calidad de vida de los ciudadanos, abrirse a las nuevas realidades,
discusiones, interpretaciones, redes sociales y dinámicas que mueven el
mundo.

Ese pudiera ser el camino, que tendría en el centro de todo, la
educación ciudadana, clave de ese urgente proceso de transformación
nacional y fortalecimiento cultural.

*Profesor y crítico cinematográfico, residente en La Habana.

Source: A debate: Cómo acabar de una vez y por todas con el Paquete |
Café Fuerte –
http://cafefuerte.com/cuba/18967-a-debate-como-acabar-de-una-vez-y-por-todas-con-el-paquete/

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