Internet en Cuba

Las reformas raulistas como estrategia de supervivencia
Ningún cambio será real en Cuba salvo que venga acompañado de
transformaciones políticas
MIRIAM CELAYA, La Habana | Mayo 21, 2014

Transcurridos seis años desde que el General-Presidente, Raúl Castro,
asumiera el poder en Cuba, podría afirmarse que se han implementado casi
tantos cambios legales como los que se introdujeron en los primeros
tiempos de la Revolución, y sin dudas muchos más que en las cuatro
décadas anteriores al “raulismo”.

Vistas en perspectiva, las reformas raulistas son significativas y
constituyen –al menos aparentemente– una ruptura respecto del orden
fidelista, signado por el inmovilismo, gracias a medidas como:
- entrega de tierras en usufructo a campesinos privados y cooperativas;
- aprobación de “formas no estatales de producción” o “trabajo por
cuenta propia” (negocios privados), lo que suprime el monopolio estatal
sobre el empleo;
- autorización de la compra-venta de inmuebles, automóviles, y otros
bienes, así como del hospedaje de nacionales en los hoteles e
instalaciones turísticas en divisas;
- autorización a la libre contratación de la telefonía celular y de las
conexiones a Internet; venta, en las tiendas recaudadoras de divisas, de
computadoras, impresoras y otros implementos;
- la reforma de la Ley Migratoria, una de las transformaciones más
radicales al eliminar relativamente la “autorización” a los cubanos para
la entrada y salida del país y extender la permanencia en el extranjero
hasta 24 meses;
- y más recientemente, la nueva Ley de la Inversión Extranjera, que
flexibiliza algunas limitaciones de la anterior legislación, establecida
en la década de los 90, aunque conserva otras.

Tales medidas deberían constituir un giro substancial en una sociedad
sometida a un centralismo que anulaba hasta ahora todo vestigio de
autonomía. De hecho, ciertos medios extranjeros magnifican el proceso,
multiplicando hasta la fábula los efectos de las medidas gubernamentales
como si de un cambio socioeconómico efectivo se tratara.
Lamentablemente, para los cubanos dichos cambios han sido más nominales
que reales, y tampoco se han producido beneficios a nivel macroeconómico
que indiquen una evolución positiva hacia la salida de la crisis. Más
aún, los últimos años muestran una involución, no solo en los
indicadores económicos, sino también en prestaciones sociales como la
salud y la educación, severamente afectada la primera por la exportación
de profesionales, en virtud de contratos que implican pingües ingresos
en divisas para el régimen –particularmente a través de los médicos y el
personal técnico vinculado al ramo–, y la segunda, por la escasez y/o
descalificación de los maestros debido a los bajos salarios, entre otras
razones.

Las reformas son significativas y constituyen una ruptura respecto del
orden fidelista
No constituye un secreto, ni siquiera para los más optimistas voceros
del poscastrismo mercantil, que los “cambios raulistas” solo son la
mejor estrategia de supervivencia de la castrocracia, porque ningún
cambio será real en Cuba salvo que venga acompañado de transformaciones
políticas.

Europa y otros centros de poder económico cifran sus expectativas en una
especie de carrera por acceder a mercados cuasi vírgenes antes que los
Estados Unidos y sectores económicamente poderosos del exilio cubano
asuman protagonismo en la Isla, mientras los nativos son apenas los
rehenes de esos intereses y del gobierno que, pese a todo, sigue
dominando vidas y haciendas. Por supuesto, a nadie le importa, como si
el incierto destino de 11 millones de cubanos fuera un castigo merecido
o simplemente la exclusión fuera cuestión de “daños colaterales” en la
batalla por el mercado.

Ahora para los poderosos no se trata ya de empatía con ese “pueblo
lindo” que asoma risueño desde las postales turísticas, que empuña
indistintamente fusiles o maracas, según sea el caso, o que –como se
“demostró” recientemente– marcha sumiso y alegre ante el podio del poder
cada 1ro de Mayo. Se trata de la oportunidad de llegar a tiempo y
primeros, capital en mano. Los cubanos, tristemente, no tienen puñetera
forma de defenderse de ese otro poder que supera con creces al que los
ha mantenido dominados por más de medio siglo. Resulta que la revolución
cubana fue una pérdida de tiempo, al final, el capital siempre triunfa.
¡Y qué viva el raulismo!

Source: Las reformas raulistas como estrategia de supervivencia –
http://www.14ymedio.com/opinion/cambios_raulistas-General_Presidente_0_1556844304.html

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