Internet en Cuba

Tras tantos fracasos
IVÁN GARCÍA | La Habana | 20 Feb 2014 – 9:12 am.

¿Propiciará el Gobierno cambios ambiciosos y profundos tras la debacle
de la Serie del Caribe, o seguirá obcecado en sus estúpidas políticas?

Fidel Castro ha sido un sepulturero eficaz. Enterró las cosechas de
azúcar y cítricos y la abundancia agrícola de antaño. De otrora
azucarera mundial, Cuba tuvo que importar azúcar, en fechas recientes,
de República Dominicana y Brasil.

Con esa aura negativa que siempre ha perseguido a Castro, tiene lógica
lo que por estos días se preguntan los aficionados al béisbol, tras el
estrepitoso fracaso de Villa Clara en la Serie del Caribe: ¿estaremos
viviendo en tiempo real la defunción de nuestro béisbol?

Parece difícil. Los genes de las bolas y los strikes están en nuestro
ADN. ¿Que hay un retroceso feroz? Cierto. Debido a las obcecadas y
estúpidas políticas del Estado, la pelota se encuentra empantanada en
una crisis estacionaria. Pero se puede salir adelante.

Claro que lo ideal sería que esta pesadilla de cinco décadas y media
quedara atrás. Pero eso es complicado. Pues el manicomio ideológico
instaurado en Cuba puede cambiar lo mismo dentro de dos años que
extenderse otros 55.

Se conocen los métodos que utilizan los autócratas para perpetuarse en
el poder. El miedo y la represión inhiben a una gran parte de los
ciudadanos a disentir públicamente. La gente opta por la balsa. Por
casarse con un extranjero. Por obtener un contrato de trabajo en
cualquier rincón del mundo.

Hay dos escenarios posibles. En el primero, Raúl Castro se convierte en
una especie de Jaruzelski tropical, democratiza la Isla —casi una
quimera—, y se deroga el embargo. Tal vez, trabajando duro, a la vuelta
de cinco o seis años, los peloteros cubanos formados con métodos
modernos se dispararían en las organizaciones de las Mayores.

El otro camino —más plausible— es que Cuba se transforme en un discreto
Estado fallido, donde parientes, yernos y compadres halen los hilos de
la piñata para repartirse un escaso botín.

El régimen está enfrascado en una pirueta ideológica inédita. Una mezcla
extravagante de capitalismo familiar, pequeñas aperturas, micronegocios
y estalinismo en estado puro para quienes disienten.

Los Castro quieren negociar, pero con los gringos. Cara a cara. Sentados
en una mesa, proponiendo a la Isla como si fuera su propiedad. En una de
esas disertaciones, Antonio Castro, hijo de Fidel, estaría representando
al béisbol y manejando los futuros contratos de peloteros cubanos.

Al clan Castro se le hace la boca agua pensando en esa posibilidad. Aún
no ha llegado, pero se vislumbra, con negociaciones tras bambalinas con
empresarios al estilo de Alfonso Fanjul.

Nuevas ideas

Si se desea que el techo de la pelota se eleve, los cambios deben
ocurrir con urgencia. La Serie Nacional debería cambiar de estructura.
Pues 16 equipos son demasiados.

Ahora mismo, según la calidad comprobada del béisbol local, lo correcto
sería una temporada con seis equipos y cuando menos 100 juegos. La
campaña podría comenzar en septiembre. Y tener tres etapas. Seis novenas
en los primeros 60 juegos. Un segundo round con 40 partidos y cuatro
equipos. Y play-offs finales entre los dos primeros al mejor de siete.

La competencia concluiría a fines de enero, de manera que no tropezase
con la Serie del Caribe o el Clásico Mundial. Los pocos jugadores con
clase que nos vienen quedando —llámense Alfredo Despaigne, Yulieski
Gourriel, Frederick Cepeda, Norge Luis Ruíz, Freddy Asiel Álvarez o
Vladimir García—, si son contratados en ligas foráneas, es preferible
que no tomen parte en la Serie Nacional. Pues el nivel actual de nuestra
pelota solo sirve para estancarlos.

Por supuesto, antes de reformar la Serie Nacional se deben fortalecer
todas las estructuras del béisbol. Desde las categorías infantiles hasta
las juveniles.

Si se siguen jugando las categorías de cadetes y juveniles con pelotas
de escaso bote, implementos de poca calidad y terrenos malos, entonces
el salto al primer nivel seguirá marcado por una notable diferencia.

Los mejores preparadores de Cuba deben trabajar en las categoría
menores. Todos aquellos capacitados para formar jugadores deben tener
conexión ilimitada a internet con acceso a bibliografía actualizada.
También, participar en intercambios académicos y clínicas beisboleras en
Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y países del Caribe que juegan
pelota. La televisión cubana debe emitir con mayor y regular frecuencia
partidos de la MLB o Grandes Ligas de Japón. Sin complejos absurdos a la
hora trasmitir juegos donde tomen parte peloteros cubanos que se han
marchado.

Toda esa política de renovación estaría aparejada con la venta a precios
módicos de guantes y pelotas para niños. Igualmente, al
acondicionamiento y recuperación de todos los terrenos de béisbol que se
han perdido.

La faena es costosa y ardua. Está por ver si el Estado contempla un plan
ambicioso. Desde su punto de vista sería, incluso, lo más práctico: en
el supuesto caso de que Antonio Castro se sentara a negociar con los
gerentes de la MLB, tendría una mayor cantidad de talentos que ofrecer.

Aunque visto lo visto, la perspicacia no ha sido nunca la mejor cualidad
de la autocracia verde olivo.

Source: Tras tantos fracasos | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/deportes/1392883940_7229.html

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