Internet en Cuba

Raúl Castro en la cuerda floja
Tiene la disyuntiva de profundizar las aperturas o retroceder. En ambos
casos tendrá que enfrentar las consecuencias
martes, febrero 4, 2014 | Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba, enero -Los siete años que ha cumplido el
General-Presidente, Castro II, al frente del gobierno han sido por su
propia voluntad expresa apenas un “período de experimentación”, en que
se ha visto forzado a flexibilizar las legislaciones vigentes, en un
angustioso esfuerzo por “actualizar” –que no reformar– un modelo que
harto había demostrado su obsolescencia de origen.

A simple vista diríase que estamos en una fase de continuación del
experimento iniciado en enero de 1959, y que el lapso transcurrido entre
julio de 2006 y diciembre de 2013 es solo “más de lo mismo”, tal como
gusta repetir a algunos. Pero existen ciertos detalles que cambian
dramáticamente el escenario a partir de la contradicción entre las
intenciones del plan oficial y los resultados de la experimentación.

Autodestrucción

El hecho es que en la fase “raulista” del experimento se renuncia a
todos los fundamentos sobre los que se erigió la revolución fidelista
(exceptuando, por supuesto, el poder de los históricos y mecanismos de
control social tales como el monopolio de prensa e información, y la
represión), colocándonos frente a un curioso proceso de autodestrucción
del sistema del cual, ulteriormente, emergería la misma clase en el
poder, pero en un sistema político diferente. Estaríamos asistiendo,
pues, a un “experimento” llamado a barrer los últimos despojos del
paradigma de aliento marxista por la misma clase que lo impuso, para
reinstaurar una economía de mercado, paradójicamente destinada a
eternizar el poder de los supuestos enemigos del capital.

La revolución cubana, caracterizada por una sucesión de improvisaciones
y campañas, no fundó una ideología que la sustentara teóricamente, ni
una economía que la sostuviera en la práctica, y al momento actual
parece avanzar hacia un escenario incoherente en el que convivirían la
cúpula gobernante, capitalista en la práctica, pero con un discurso
socialista; y los gobernados sobreviviendo bajo condiciones
“socialistas” en la práctica, pero con el capital como aspiración suprema.

En medio de ambos extremos, una “zona de amortiguación” estaría formada
por una casta gerencial, prescindible en caso necesario, aunque
privilegiada desde el poder con amplias ventajas económicas y
comprometida con éste, que estaría formada por administrativos de
sectores emergentes con acceso a beneficios monetarios y materiales
–como es el caso del turismo–; por ciertos empresarios que desde los
años 90 han estado creando un emporio gastronómico bajo la apariencia de
“sociedades”, por ejemplo, algunos restaurantes del barrio chino y de
otras zonas; y por los nuevos ricos propietarios que han venido
emergiendo desde un sector elite de la cultura.

Economía en bancarrota

En retrospectiva, puede afirmarse que, para bien y para mal, la realidad
cubana ha cambiado más en los últimos siete años que en los 20
anteriores, por un cúmulo de factores que, pese a todo, no dependen
exactamente de la voluntad del gobierno y que parten de la necesidad
imperiosa de introducir cambios debido a la crisis estructural del
sistema con una economía en bancarrota. Estos cambios en alguna medida
quiebran el inmovilismo y monolitismo característicos de los regímenes
totalitarios y generan elementos que lo debilitan desde dentro.

Es el caso, por ejemplo, del programa oficial de despidos en numerosos
centros laborales del Estado, incapaz de mantener los subsidios y la
inflación de las plantillas, y la autorización y ampliación del mercado
laboral privado –eufemísticamente denominado “formas no estatales de
empleo”, y de forma más generalizada “cuentapropismo”–, que ha sufrido
sucesivas modificaciones a partir de las limitaciones originales que las
autoridades se han visto forzadas a ajustar, entre avances y retrocesos,
debido a las presiones ejercidas por ese nuevo sector emergente y
autónomo que se reconoce a sí mismo como trabajadores que aportan a la
economía y al Estado pese al abusivo y controversial sistema tributario
y a las abundantes restricciones que frenan su prosperidad y desarrollo.

A pesar del lento ritmo del programa de “actualización” y de las
numerosas reformas que se han estado aplicando, como son la entrega de
tierras en usufructo a campesinos privados con sus sucesivas
concesiones; la compra-venta de viviendas, automóviles y otras
propiedades entre particulares; la libre contratación del servicio de
telefonía móvil; la autorización de venta de computadoras; la creación
de un servicio de conexión a Internet, aunque plagado de controles de
vigilancia y excesivamente caro; la aprobación de cooperativas no
agropecuarias; y más recientemente la reforma migratoria y la venta de
automóviles por el Estado a precios absurdamente altos, entre otras; el
General-Presidente no ha logrado detener la ruina ni avanzar en la
economía, como tampoco ha podido evitar el incipiente movimiento al
interior de la Isla, protagonizado por grupos de cuentapropistas que,
espontáneamente, han comenzado a reclamar sus derechos y a manifestar su
descontento por las limitaciones de las licencias y las medidas
represivas que restringen sus actividades.

Derechos cívicos

Durante el pasado año, 2013, y ya en el propio mes inicial del 2014, se
han estado produciendo pequeñas huelgas y manifestaciones en varias
localidades al interior de Cuba –como las huelgas de cocheros de Bayamo
y Santa Clara, en 2013 y las protestas de pequeños comerciantes, también
en Santa Clara y en la ciudad de Holguín–, así como en algunos
municipios de la capital, que constituyen un botón de muestra de las
potencialidades de un sector privado movido por intereses que rebasan
los marcos de los compromisos políticos e ideológicos para centrarse en
derechos eminentemente cívicos.

Así, 2014 podría resultar un escenario interesante desde muchos ángulos,
y tal vez decisivo. Se ha cerrado un ciclo tras el cual deberíamos
comenzar a percibir los frutos de la estrategia socioeconómica del
gobierno y disfrutar de algunos beneficios, pero todo indica que
ocurrirá lo contrario.

El gobierno tiene la disyuntiva de profundizar las aperturas e
implementar verdaderas reformas, o retroceder; en ambos casos tendrá que
enfrentar las consecuencias. Los sectores “liberados” que han comenzado
a moverse por sí mismos dentro de un espacio muy limitado tienen el reto
de empujar y ampliar la brecha. Mientras, en la sociedad crecen las
carencias, hay más represión y aumenta el descontento. Quizás el
General-Presidente deba considerar hacer una breve pausa para meditar
que sería saludable para todos un poco de prisa.

Source: Raúl Castro en la cuerda floja | Cubanet –
http://www.cubanet.org/opiniones/raul-castro-en-la-cuerda-floja/

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