Internet en Cuba

La libertad de prensa, entre rejas
MARÍA DOLORES MASANA 09/12/2009

La prensa no gusta. Y los periodistas, menos. En China, Irán, Eritrea,
Cuba, Venezuela y un largo etcétera de países con regímenes totalitarios
o autoritarios. Ni tampoco en democracias supuestamente consolidadas.
Léase Rusia, Israel, México, Colombia, Venezuela, por citar unas
cuantas. Ni aún en el espacio de la Unión Europea, por mucho que sus
instituciones alardeen de ser modélicas en el respeto a las libertades.
No en todas pero sí en demasiadas naciones comunitarias tampoco gusta la
prensa.

El mundo moderno padece la desbordada gangrena de crímenes contra los
derechos humanos, de abusos de poder, de corrupción. Es una metástasis
de creciente gravedad sobre la cual abunda un deseo perverso de
encubrirla, de silenciarla. Poderes políticos, económicos, criminalidad
organizada, ideologías nacionalistas y fundamentalismos religiosos
coinciden en este propósito de que no salga a la luz esta ominosa
realidad. Y de ahí la variedad de medios con los cuales se intenta
silenciar a la prensa y los periodistas sin detenerse ante los más
aberrantes. Precisamente porque la prensa suele ser un reducto en
defensa de la verdad, sin la cual la condición libre del hombre no es
posible.

Es así en el caso de conflictos armados, de terrorismo donde la
violencia afecta a la capacidad de información, generalmente por la
acción de las diversas partes en litigio. Y, por su misma naturaleza,
bajo los regímenes autoritarios y despóticos, desgraciadamente tan
presentes en nuestra época. Pero la corrupción y la delincuencia
organizada se extienden como un submundo depredador y extremadamente
dañino para la paz y la convivencia también en las sociedades más
avanzadas y dotadas aparentemente de acreditación democrática. Y al
ocurrir así, ni en el marco del Estado de derecho la prensa y sus
profesionales se ven verdaderamente libres de una multiplicidad de
coacciones, presiones, resortes contra el libre e independiente
ejercicio de su misión.

Hoy vivimos una de las mayores contradicciones del mundo actual. Cuando
de más y mejor dotados medios se dispone para la eficacia, abundancia,
inmediatez y universalidad de la comunicación, más dañinos, brutales o
refinados métodos se aplican para evitar que la información periodística
pueda cumplir su tarea de transmitir sin trabas la veracidad de los
hechos. Censura más o menos solapada, presiones de todo orden,
encarcelamientos, torturas, agresiones, frecuentemente mortales, se
producen casi diariamente contra los medios y profesionales de la
información en la amplia y diversa panoplia de Estados. Se hace cada vez
más visible una especie de conjura generalizada contra la libertad de
prensa.

No se trata de especulaciones, de indicios más o menos compro

-bados. Los hechos están ahí, vivos, concretos. Y exigen encender las
luces de alarma sobre algo que nos afecta a todos, sea cual sea nuestra
ciudadanía. Por esto es absolutamente necesario dar nombres, descender a
lo concreto.

El 3 de noviembre, el periodista José Antuna fue estrangulado en Durango
(México) por denunciar nexos de la policía con el crimen organizado. El
mensaje que los esbirros dejaron sobre su cadáver no precisa
comentarios: "Esto me pasó por escribir lo que no se debe. Cuiden bien
sus textos". Es un malvado aviso que valdría para todas las víctimas de
la honradez informativa. Escribir sobre lo que no se debe es la maléfica
tergiversación de la frase profesional y moralmente correcta: escribir
sobre lo que se debe. ¿Cabe ser más directo, más explícito en la
búsqueda de la imposición del terror para silenciar a los medios de
comunicación, a los periodistas?

El cumplimiento de la amenaza hay que extenderla desgraciadamente con
otros muchos ejemplos limitados al año en curso. Christian Poveda,
alevosamente asesinado en El Salvador; Emilio Morenati, que perdió su
pierna hace escasos meses en Afganistán. Presentes están en la memoria
los 24 periodistas salvajemente asesinados, a finales del mes pasado, en
Filipinas junto a otras 30 personas en un extraño episodio de secuestro
por parte de un clan familiar en lucha por el poder en Mindanao. Fue "la
mayor pérdida de periodistas de la historia en un solo día", sentenció
Reporteros sin Fronteras.

Hay otras formas aparentemente más soportables de silenciar a los
periodistas pero no menos criminales: condenarlos a largas penas de
cárcel, en ocasiones incluso con el castigo añadido de la
incomunicación. Muchas veces sin garantías procesales como en Irán, en
donde, a raíz de las denuncias del fraude electoral del 12 de junio, el
régimen de los ayatolás emprendió una durísima campaña contra
periodistas y bloggers locales. Por ello, la antigua Persia comparte con
China el deplorable título de mayor cárcel del mundo para los
profesionales de la comunicación. Cuba, en un segundo lugar con 24
periodistas en prisión, condenados a penas de entre 14 y 22 años, desde
aquella Primavera negra de 2003. Birmania, Turkmenistán, Corea del
Norte, Eritrea les siguen en este penoso escalafón.

Más cerca, en Marruecos, desde hace semanas hay redacciones cerradas y
periodistas encarcelados u obligados a pagar multas de miles de euros.
También el Gobierno argelino persigue y acosa a la prensa con
detenciones arbitrarias y sanciones económicas imposibles de pagar. Por
no hablar de Túnez, que ejerce una censura férrea sobre cualquier
publicación u emisión tanto local como extranjera. El presidente Ben Ali
ha convertido este país magrebí en un verdadero "agujero negro" de la
libertad de expresión, entre otras libertades.

Por otra parte, a medida que los medios de comunicación evolucionan
hacia el periodismo on line se ha ido incrementando el número de
"ciberdisidentes" encarcelados hasta superar en número al de los
periodistas tradicionales. Ocurre en muchos países. China es un claro
ejemplo de esta forma de represión. De los 88 periodistas encarcelados,
58 son periodistas o bloggers digitales. El conocido activista por los
derechos humanos Hu Hia cumple condena de tres años y medio por "incitar
a la subversión" en sus artículos on line.

En este ámbito, Reporteros sin Fronteras ha declarado a 12 países
"enemigos de Internet". Son por orden de mayor a menor represión: Arabia
Saudí, Birmania, China, Corea del Norte, Cuba, Egipto, Irán, Uzbekistán,
Siria, Túnez, Turkmenistán y Vietnam. Todos ellos han transformado la
Red en una vigilada "intranet" para impedir que sus internautas puedan
acceder a informaciones juzgadas "indeseables". Y quien no se doblega
termina entre rejas.

El lenguaje de los hechos no permite llamarse a engaño sobre la amplitud
y la persistencia con que un lamentable número de poderes, ya sean
políticos, militares, financieros, religiosos, etcétera, se saben
incompatibles con la prueba de la libertad y veracidad de informar. Las
relaciones entre el poder y los medios de comunicaci&#2
43;n son siempre
difíciles. Sólo esta circunstancia explica el desorbitado número de
periodistas que en estos momentos se hallan entre rejas: 178,
contabilizados por Reporteros sin Fronteras.

De vez en cuando se alzan voces autorizadas pidiendo respeto a los
derechos humanos, a las libertades. Lo hizo el presidente Obama durante
un coloquio celebrado en Shanghai al pronunciarse a favor de la libertad
de expresión y del respeto a los derechos humanos. También el presidente
del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek, en Madrid, el pasado 13 de
noviembre, se expresó en parecidos términos al decir "que no se pueden
mantener relaciones plenas con cualquier país que no respete los
derechos fundamentales". "Es el caso de Cuba -dijo-, aunque siempre se
debe apoyar a la sociedad civil". También, muy recientemente, Human
Right Watch ha insistido en Cuba.

Loables son estas palabras de tan reconocidas personalidades y sería de
desear que obtuvieran un eco de alcance igual a su intrínseco valor.
Para que así ocurriera se creó y dedica su esfuerzo Reporteros sin
Fronteras.

María Dolores Masana es presidenta de Reporteros sin Fronteras (España).

La libertad de prensa, entre rejas · ELPAÍS.com (9 December 2009)
http://www.elpais.com/articulo/opinion/libertad/prensa/rejas/elpepiopi/20091209elpepiopi_4/Tes

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