Internet en Cuba

LA DICTADURA DESESPERADA
2009-12-18.
Héctor julio Cedeño Negrín, Periodista Independiente de Cuba

(www.miscelaneasdecuba.net).- Ciudad de la Habana, diciembre de 2009.-
En la mañana del jueves 10 de diciembre de 2009 los esbirros, bien
adiestrados, de la llamada Seguridad del Estado cubana, se introdujeron
en mi domicilio, durante el tiempo en que me encontraba ausente de mi
casa, un cuartucho donde mal vivo pero el que se supone que sea de mi
propiedad y de mi privacidad.

En malas condiciones, como vivimos la mayoría de los cubanos, a las que
nos somete la dictadura castrista, que vive en palacetes y con todas las
comodidades imaginables. Como si fueran Reyes vitalicios, por mandato
divino.

No estaba allí, porque me encontraba en la residencia del Jefe de la
Sección de Intereses de los Estados Unidos de América, quien nos invitó,
muy gentilmente, para que presenciáramos a través de la televisión, la
entrega del Premio Nobel de la Paz al Presidente de los Estados Unidos,
el Señor Barack Obama. Oportunidad de la que también nos priva la
dictadura de los hermanos Castro.

Al regresar a mi casa alrededor de las doce del día, en busca de una
memoria flash en la que guardaba información, noté la desaparición del
adminículo.

Yo la había dejado sobre la cama, antes de partir hacia la residencia
antes mencionada. Y por más que busqué y rebusqué no pude hallarla.

Me fui para la Sección de Intereses y me las ingenié para recuperar de
otro lugar, parte de la información que pude por fin divulgar, a pesar
de la desaparición de la memoria flash, o de dos memorias, porque
tampoco pude encontrar otra para emergencias que también guardaba, pero
que no estaba en su lugar habitual.

Salí de la casa, pasada la una de la tarde, atrasado, pero pude llegar a
tiempo e ingresar al turno que tenía reservado para acceder al servicio
de la Internet, a las dos de la tarde.

Al salir de la casa había dejado todo regado y revuelto, en la búsqueda,
pero al regresar alrededor de las diez de la noche, sobre mi cama muy
bien recogida y despejada estaba resplandeciente la memoria flash, en el
mismo lugar donde la había dejado en la mañana al marchar a la
residencia del Embajador y donde debiera haberla encontrado al mediodía.

La otra flash memory estaba sobre el tocador, el lugar en el que habitúo
colocarla.

O sea, que entraron dos veces a mi casa, los segurosos o los de la
Contra-Inteligencia, en fin los que hicieron el trabajito sucio. Una en
la mañana para extraer las memorias y otra en la tarde para devolverlas.
Nadie, entre mis vecinos, dice haberlos visto ni sentido la puerta, que
debo tirar con fuerza para cerrar y abrir.

La puerta es de hierro y cristal y no hay posibilidades de entrar por
otro lugar. Ya se sabe que con los recursos que ellos tienen, puede
abrirse una cerradura e incluso una caja fuerte, y la dictadura lo tiene
todo en Cuba.

Pero el mensaje que pretenden formularme es de intimidación. Podemos
entrar cuando queramos, verlo todo, y sembrar si lo deseamos, alguna
supuesta evidencia, hasta drogas y echarte treinta o más años. Podemos
colocar cualquier documento en la computadora y achacártelo a tí.

Pero incluso podemos hasta envenenarte o dejar cualquier sustancia
tóxica sin que se encuentren pruebas ni nadie lo sepa ni se investigue
siquiera. En fin, lo podemos todo.

Esto es muy fácil de hacer, pues a los cinco espías de los Castro, el
FBI, les copiaba, hasta los discos duros de sus computadoras y ni
siquiera lo detectaban, los "genios tontos" del espionaje cubano.

Pero mi caso es muy diferente, yo no soy un espía, ni trabajo para
nadie, mucho menos para los Estados Unidos al que le estoy muy
agradecido por todo lo que nos ayudan para recuperar nuestra libertad y
nuestra democracia.

En Cuba los espías llevan el apellido Castro Ruz y son los bastardos
de Ángel Castro y Alina Ruz. Son los hijos extramatrimoniales, de don
Ángel Castro, o sea, producto de la infidelidad conyugal, ya que el
estaba casado con otra mujer y tenía dos hijos con ella.

Trabajaron para la NKVD de Iósiv Stalin y Lavrenti P. Beria, porque en
el año 1953 ya leían de comunismo, tenían libros de Lenin y trataban de
introducir, el sistema comunista en Cuba, mucho antes de atacar el
Cuartel Moncada.

Y en el año 1962 trabajaban para el KGB de Nikita Jruschov porque
prestaron la isla de Cuba, para instalar, los cohetes atómicos Rusos,
vendiendo la patria a los extranjeros y poniendo en peligro de
destrucción y muerte a los habitantes de su propio país.

Hace poco la hermana menor de los Castro, la Señora Juana Castro Ruz,
"confesó" ser agente de la CIA de los Estados Unidos, algo bastante
insólito. Da a entender que la CIA, dirigía la lucha contra la dictadura
de los hermanos Castro.

Algo tremendamente falso, pues para luchar por la restauración de la
democracia en Cuba, no hacía falta ser agente de la CIA (valga la
redundancia), sino ser un demócrata. La agencia norteamericana nunca
dirigió esa lucha; la dirigieron los patriotas cubanos muchos de los
cuales fueron asesinados y encarcelados.

Pero sobre todo lo que ha demostrado la dictadura en estos días, es su
desesperación y su miedo tremendo, su cobardía y su bajeza. Golpeó a
Yoani Sánchez y a otros muchos opositores, golpeó a las Damas de Blanco
con sus hordas de esbirros incitados, que trata de hacer pasar como
pueblo enardecido, pero que son turbas organizadas, dirigidas y pagadas
por ellos.

Y siguen golpeando y amenazando, incluso utilizando agujas impregnadas
no se sabe en qué, como los fascistas de la STASI, de la Alemania comunista.

Están entrenando a sus tropas antimotines y sus brigadas de porristas,
de respuestas rápidas, muy parecida a la porra del machadato. Pero el
dos mil diez será el año final de la dictadura, este año caerán los
Castro, sus congéneres, sus esbirros y sus brigadistas de la porra
castrista.

Usarán la violencia y también asesinarán; de eso estoy seguro, pero
serán derrocados, es muy difícil que pasen de este año que viene, ellos
lo saben.

Pero debemos advertirles a estos pequeños y grandes esbirros de la
Seguridad del Estado, de la Contra Inteligencia y de todos los cuerpos
de secuaces, que si provocan muertes, las tendrán que pagar, a precio de
oro.

Recuerden que, los Castro sus familiares y allegados tienen su plan de
escape y evacuación y los lugares donde piensan esconderse de la
justicia, del pueblo cubano.

Ya muchos de sus familiares no están ni en Cuba. Pero ustedes, pequeños
sicarios y chivatientes, no podrán escapar, porque no son de la familia
Castro ni la de sus allegados y aquí se quedarán. No tienen aviones ni
lanchas ni dinero como esos magnates de la dictadura, para la
escapatoria y no tienen a dónde espantarse.

No sean tontos, no sirvan como carne de cañón de los tiranos. Ellos no
tienen, ni como decía Batista, la bala en el directo, y escaparán
directamente como los cobardes que son.

Y no digan más que las calles son de Fidel, que Fidel Castro en
cincuenta años, ni se atrevió a caminar por las calles de Cuba, no es
Silvio Berlusco
ni ni nunca se atrevió a tanto. Las calles son nuestras,
de los que no tememos a la dictadura. Yo las camino todos los días con
mi portafolio que dice, CAMBIO; son mías también.

Aquí estaremos día a día, no podrán intimidarnos, no nos amedrentarán.
La dictadura tiene sólo cuatro opciones: Chantajear, Intimidar,
Encarcelar y Asesinar. Sólo le va quedando la última, las otras tres, ya
están tan desgastadas que son, completamente ineficaces e inútiles.

Tal vez caigamos muchos pero el triunfo llegará, está tan cerca que lo
puedo tocar.

Me enorgullece que los esbirros me tengan en un lugar preferencial,
especial y sobresaliente; eso me demuestra que lo que concibo, elaboro y
realizó, es efectivo y les hace morder el polvo día tras día.

Desde pequeño, siempre me gustó tirar piedras, era un verdadero peligro
con una piedra en la mano. Mi puntería era exacta y las andanadas de
artillería cronométrica.

De adulto siempre añoré aquella afición de lanzar pedradas a diestra y
siniestra y por ello sustituí las piedras físicas por pedradas morales,
que aunque inmateriales, son capaces de romper techados.

Los de la dictadura son de vidrio y me encanta destrozarlos. Les tiro
directamente al corazón del tejado, por eso me lanzaron sus perros. Pero
continuaré con mi labor de rompe tejas, aunque me muerdan los perros.

En fin, de algo hay que morir, aunque sea de las mordidas envenenadas de
sus mastines rabiosos.

Según me han dicho varios Babalawos, soy de vida corta y con lo que se
avecina tal vez me quede poco, así que prolongaré mi labor, todo lo más
que pueda. Si no llego al final, no vale la pena ponerle mi nombre ni
siquiera a una calle.

Sólo me gustaría que me recordaran, como el más formidable tira piedras,
contra la dictadura castrista. Eso me hará sonreír en el más allá.
Muchas gracias.

Nota. Esto no es un testamento político, es solo una simple pedrada,
como las habituales. Sé que también soy duro de pelar, simplemente
espero por las balas.

LA DICTADURA DESESPERADA – Misceláneas de Cuba (18 December 2009)
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=24844

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