Internet en Cuba

El caso de la médica cubana / Tres meses después
Hilda Molina aprende a ser abuela y no piensa en irse
Escribe sus memorias, cuida a su madre y se mete poco en política
Sábado 5 de setiembre de 2009 | Publicado en edición impresa
Laura Capriata
LA NACION

Hace casi tres meses que a Hilda Molina le cambió la vida. Y se le nota.
Desde que llegó a la Argentina, la médica disidente cubana pudo conocer
a sus dos nietos, se reencontró con su único hijo después de 15 años y
volvió a ver a su madre, que desde mayo de 2008 estaba en Buenos Aires.
“En cualquier momento va a venir mi nieto Juampi a merendar”, dice
ilusionada en el living de su pequeño nuevo departamento de Ciudad
Jardín, (en El Palomar, al oeste del conurbano). Su hijo, Roberto
Quiñones, lo alquiló especialmente para ella y su mamá, Hilda Morejón
(de 90 años) porque está a dos cuadras de su casa.
Trastocada por el reencuentro, la mayor ambición que hoy tiene la
cirujana eminente que introdujo la restauración neurológica en Cuba es
ser una “abuela normal”. Para eso ya aprendió a cocinar milanesas al
horno con papas fritas para sus nietos, de 8 y 14 años, que sólo la
conocían por los medios y la cámara del chat.
“¿Cuánto medís?”, fue la frase mágica de su nieto menor para romper el
hielo cuando se vieron por primera vez, en el aeropuerto. “Es que quiere
alcanzar a todos, y me vio tan bajita que se alegró”, se ríe Molina.
Pero su mente inquieta no se conforma con el arte culinario y está
armando un libro sobre sus vivencias en Cuba, con muchos artículos que
ya había escrito en la isla y que está completando acá. Una mezcla de
ensayo político con autobiografía.
“Con cada cosa que escribo se me va un pedazo de alma”, confiesa, pero
no quiere que nadie viva su historia “como un melodrama”. A lo mejor por
eso no llora cuando la cuenta.
Cuando tenía 15 años, la revolución la sorprendió como una adolescente
idealista que abrazó el sueño de Fidel Castro. Fue maestra
alfabetizadora en toda la isla y estudió medicina en La Habana mientras
a Roberto lo criaba su abuela. “Ya disfrutaré de mis nietos”, pensaba ella.
Pero para cuando nació su primer nieto, en 1995, Molina se había peleado
con el régimen de su país porque “atendía la salud de los extranjeros y
no de los cubanos”. Su hijo, también médico, se había exiliado en Buenos
Aires y a ella no le permitieron salir de Cuba hasta junio pasado.
“Fidel sacrificó a mi familia. Cuba es una trituradora de almas y
cerebros, pero la mía se la di yo”, dice, tan incrédula como arrepentida.
Molina ni siquiera está agradecida con Castro: “Me torturó 15 años por
capricho y venganza, sólo me dejó salir porque se le estaba creando un
problema ante el mundo”.
En cambio, en toda la tarde que pasó charlando con LA NACION, tuvo
varias expresiones de gratitud hacia el matrimonio Kirchner, convencida
de que el pedido del “gobierno amigo” de Cuba fue crucial para su salida
de la isla.
Molina no sabe nada de política argentina, pero las últimas elecciones,
que pasó acá, le dejaron una marca imborrable. “Con todas las cosas de
las que adolecen estas democracias, igual les dieron la oportunidad de
cambiar a unas personas en el Congreso y poner otras. Es increíble”, dice.

El reencuentro de Hilda Molina con su familia (C5N)
Video: Hilda Molina se reencontró con su familia

http://videos.lanacion.com.ar/video9848-hilda-molina-se-reencontro-con-su-familia-c5n

Debate político

Pero otra cosa llamó más su atención. “Veo cómo hablan de los que
dirigen el país y no pasa nada, imagínate lo que pasaría con Fidel?”
También está encantada de ver cómo los legisladores pelean en el
Congreso (“allá son monólogos”, explica) y de cómo la gente se
manifiesta en las calles, por los temas más variados, para hacerse oír.
Otro punto que la descolocó fue el acceso ilimitado a Internet (un bien
caro y muy controlado en Cuba), y lo usa para ponerse al día en
neurociencia, su especialidad.
Aunque cueste creerlo, la médica cubana sólo salió de El Palomar para
responder algunas de las decenas de invitaciones que recibe.
Visitó a varios diputados nacionales (“no pregunté de qué partido eran”,
dice) y fue recibida con pompas en la Legislatura porteña. También
visitó la fundación del ex embajador radical Hipólito Solari Yrigoyen y
la Fundación Libertad, estuvo con Marcos Aguinis y se reunió con la
Asociación Amigos de la Avenida de Mayo.
“De la Argentina conozco sólo a las personas; lo más bonito”, sintetiza
Molina, mientras da por terminada la charla. Sus nietos le esperan.

Hilda Molina aprende a ser abuela y no piensa en irse – lanacion.com (6
September 2009)
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1170919

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