Internet en Cuba
El silencio de los corderos
Federico Quevedo
Sábado, 14 de enero de 2006

Son cientos de miles y sufren a diario la tortura inmisericorde del estalinismo más duro y devastador con la naturaleza humana. Son historias, sin embargo, de esas que no interesan a nadie, y menos en estos tiempos en los que ciertos asuntos se escapan a la corrección política que nos aflige. Pero me van a permitir que les cuente como a Ricardo Santiago Medina Salaberría, de 37 años de edad, lo arrestaron en su domicilio las fuerzas de la Seguridad del Estado y, después de esposarlo, lo empujaron escaleras a bajo ante los ojos inundados de lágrimas y los gritos desesperados de su esposa y sus tres niñas. La caída le produjo una contusión en la columna que a su vez le ha dejado como secuela una neuralgia braquial. El estrés del encierro como prisionero político ha derivado en enfermedades crónicas que nunca antes había padecido, como diabetes e hipertensión, sin que las autoridades carcelarias hayan permitido su hospitalización. A Oscar Mario González García, periodista, de 64 años, lo arrestaron cuando salía a comprar pan. Hoy sufre disociación mental, alteración del sueño, crisis depresiva, claustrofobia y ha perdido 15 kilos de peso.
La lista es interminable. Las razones, creer en la libertad, amar la libertad, buscar la libertad, necesitar la libertad. Frente a esto, Cuba -a estas alturas ya habrán adivinado de qué hablo-, es hoy una inmensa cárcel en la que se reprime al opositor y se violan los derechos humanos de manera constante y contundente. El miedo es la tónica y la represión el clima generalizado en el que viven todos aquellos que no se resignan a agachar la cabeza ante el Estado Socialista cuya moral no es otra que la de humillar hasta el extremo de la vergüenza y la bajeza humanas a todos los que participan de actividades opositoras al régimen de Fidel Castro. Y en los últimos meses la represión socialista ha empeorado considerablemente, como pude escuchar el pasado miércoles de labios de uno de los líderes de la oposición democrática dentro de la isla, Oswaldo Paya, convocado por la Asociación Española Cuba en Transición que dirige Rafael Rubio, y que tanto está haciendo por lograr que las libertades individuales vuelvan a la isla. No podemos cerrar los ojos a lo que allí ocurre, por más que nuestro Gobierno se de la mano con el dictador y le otorgue la mejor de sus sonrisas.
¿Conocía Evo Morales, cuando fue a visitar a su amigo Castro después de ganar las elecciones en Bolivia, cómo a Roger Curbelo Marrero, miembro del Movimiento Cristiano de Liberación, lo agredieron a golpes en plena vía pública miembros de los Comités de Defensa de la Revolución y a las pocas horas se concentraban frente a su casa turbas de vecinos supuestamente indignados con sus actividades y en actitud amenazante contra él y su familia? Supongo que ese caso concreto no, pero ni a Evo Morales, ni a Hugo Chávez se les escapa cómo se violan los derechos humanos en la isla, fruto de la idea revolucionaria castrista y del modo en que Fidel quiere extender su moral socialista al resto del continente latinoamericano antes de que la muerte le llegue. Y es que hay una relación directa entre el aumento de la represión y la sensación de que al régimen dictatorial le falta poco para su fin, como explicaba ese mismo día Carlos Alberto Montaner.
Nada de lo que está ocurriendo en América Latina es por casualidad. Ni el fortalecimiento de Chávez, ni la ascensión de Morales, ni la posibilidad de que en Perú triunfe otro movimiento populista o en Nicaragua vuelva al Gobierno el sandinista Daniel Ortega. Todo está diseñado por ese viejo revolucionario y socialista que es Fidel Castro, violador de los derechos humanos, tirano inmisericorde, de quién Raúl Rivero afirmaba también que odia a los cubanos, y que lo único que quiere es mantenerse en el poder él y su grupo de gansters. Y para ello no ha dudado en darle una nueva vuelta de tuerca a la represión en toda la extensión de la palabra, desde la amenaza, hasta la tortura, pasando por la ausencia de las elementales condiciones de vida y salubridad para los presos políticos en Cuba. La atención médica casi ha desaparecido, se moviliza a turbas de gentío contra los opositores y sus familias, se atemoriza a sus hijos, se practican las golpizas y el acoso físico y moral, incluido el despido de los lugares de trabajo y la humillación por las prácticas religiosas.
Desde el mes de julio la policía política mantiene bajo arresto a 14 disidentes por el delito de alteración del orden público. Se encuentran en celdas tapiadas de tres metros de largo por dos metros de ancho, hacinados junto a delincuentes comunes y presos peligrosos, con turcos por letrinas que desbordan excrementos, desprovistas de ventanas, sin ventilación que atenúe la fetidez, sin agua para el aseo, privados de luz natural, y alimentados con mejunjes que a cualquiera de nosotros nos harían vomitar con solo olerlos a menos de diez metros de distancia. Todos ellos han recibido golpizas y torturas y hoy sufren enfermedades cuyo tratamiento impiden las autoridades carcelarias. Todo esto ocurre ante nuestros ojos, y ellos solo esperan que, al menos, nos acordemos de lo supone la lucha por la libertad y el enorme coste que tiene en vidas humanas. Las cárceles de Cuba están repletas de presos de conciencia, hostigados, en algunos casos, hasta la muerte. ¿Alguien puede imaginar que en un país democrático se condene a 18 años de prisión a una persona en virtud de una llamada Ley de Protección de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba? Es lo que le ocurre al periodista Mijail Barzaga Lugo.
No escribo esto sin una razón objetiva. En Cuba se violentan todos los derechos fundamentales que son propios del individuo, figura entre los 15 peores enemigos mundiales de Internet, y, de los 157 países que configuran el índice mundial de libertad económica, se encuentra en el puesto 150, sólo por delante de otros como Corea del Norte o Zimbawe. En Cuba se emplea, como denunciaba Oswaldo Paya, un lenguaje de muerte contra el movimiento pacífico por el cambio. Castro está preparado para la guerra, y no para la paz, como afirmaba Raúl Rivero, y el deterioro de las condiciones de salud de los presos es tal que como este poeta y escritor señalaba, ?en Guantánamo los presos comen igual que los ministros cubanos?, mientras en las cárceles de Cuba la hambruna es ya una enfermedad incurable. ¿Nos hemos tapado los oídos para no escuchar sus lamentos? ¿Hemos mirado para otro lado y no ver así el estado físico lamentable en el que se encuentran? Parece que nuestro Gobierno sí lo ha hecho, que prefiere sentarse en torno a una mesa con Castro, Chávez y Morales mientras en las cárceles mueren torturados los luchadores por la libertad y los derechos humanos, pero mueren en medio de un silencio atronador para nuestros oídos.

fquevedo@elconfidencial.com

 

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