Internet en Cuba
ECONOMIA
Cuba en los Objetivos y Metas del Milenio (IX)

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba – Noviembre (www.cubanet.org) – La educación se ha convertido en un elemento esencial en la vida del ser humano. El concepto martiano de “ser cultos para ser libres”, si antes fue una verdad indiscutible, en este mundo complejo y cambiante se ha tornado un requerimiento vital.

La información está reafirmada como una fuente indispensable de avance social, pero para llegar realmente a ella, comprenderla y utilizarla adecuadamente, resulta fundamental poseer un nivel cultural integral, sólo alcanzable mediante hábitos de estudio y sedimentación de los conocimientos cultivados desde la niñez en un ambiente plural.

Pero si la instrucción de los ciudadanos se necesita para gozar de la libertad y una vida más plena, con un horizonte más amplio, no es menos cierto que la formación e instrucción de la persona desde la más temprana edad constituye una inversión impostergable para garantizar el desarrollo futuro de los pueblos.

Está probado históricamente que el hombre y su intelecto constituyen el factor productivo más importante y, de manera creciente, más decisivo. Gracias a su capital humano, Alemania, completamente devastada por la Segunda Guerra Mundial, y Japón, que sufrió las consecuencias de esa conflagración y cuenta con islas de origen volcánico carentes de abundantes recursos naturales, pudieron restablecer sus economías y avanzar hacia la prosperidad.

Pudieran citarse ejemplos adicionales de progreso económico y social, impulsados por el aumento de los niveles educacionales y culturales, como Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Malasia, Singapur y otros, que tenían un PIB por habitante inferior a la Mayor de las Antillas a inicios de los años 60 del siglo XX.

En este contexto, sorprende que en el caso cubano las enormes inversiones y esfuerzos realizados en la educación no se hayan traducido en importantes crecimientos económicos y en el nivel de vida de la población.

El porcentaje de los gastos en materia docente en Cuba fue superior como promedio al 8% del PIB desde 1986 hasta 1994. A partir de ese año se redujo a menos del 6%, como consecuencia de la crisis, reanimándose en 1999 (7.2%), con alzas posteriores (2003: 9.3%). Estos indicadores de origen oficial son superiores, en términos relativos, a los gastos públicos realizados con fines educacionales en países altamente desarrollados. Noruega, que ocupó la primera posición en el Informe sobre Desarrollo Humano de 2005, confeccionado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y está entre las tres naciones con mayor PIB per cápita del mundo, a precios ajustados en función de la paridad del poder adquisitivo (PPA), tuvo un gasto público promedio del 7.6% de su PIB en los años 2000-2002, uno de los más altos del planeta.

Ciertamente, el esfuerzo efectuado por la sociedad cubana ha producido realidades educacionales relevantes a nivel latinoamericano, y en determinados aspectos compite con lo alcanzado por países desarrollados. El porcentaje de alfabetización referido a personas de 15 y más años de edad era del 96.7% según PNUD en 2003, sólo menor en América Latina y el Caribe a Barbados (99.7%), Uruguay (97.7%) y Argentina (97.2%). El nivel promedio de escolarización es de noveno grado, y existen más de 700 mil graduados universitarios, muchos de ellos con títulos o posgrados obtenidos en universidades europeas.

Entonces, cabe repetir las preguntas de cómo es posible que con tal capital humano a disposición del país los resultados económicos hayan sido tan mediocres y decepcionantes; Cómo es posible que ni siquiera se haya podido resolver la alimentación del pueblo, profundizándose las carencias y eternizándose el racionamiento; cómo es posible que en lugar de desarrollo tengamos un país en vías de desintegración económica, y dependiente de la caridad extranjera.

Asimismo, si se realiza una comparación objetiva e imparcial entre el período republicano (1902-1958) y el iniciado en 1959 hasta nuestros días, puede fácilmente constatarse que las realizaciones de la primera etapa, a pesar de pésimos gobiernos, escandalosos robos al erario público y la injusticia social imperante, fue ampliamente superior en logros y avances. Quien lo dude, consulte las obras y acciones que testifican y comprueban lo apuntado: la carretera central, un amplio tejido ferroviario a lo largo y ancho de la nación, la erradicación de terribles enfermedades como la fiebre amarilla, la creación de una sólida moneda, la construcción de monumentales obras como el capitolio nacional, el edificio Focsa y los de la Plaza Cívica (hoy de la Revolución), el puente de Bacunayagua, y una larga lista de sólidas edificaciones realizadas con tecnologías de la época, que constituyeron modelos a seguir en América Latina y otras latitudes.

Desafortunadamente, en los casi 47 años de la “revolución” no se han edificado obras relevantes, y las que han podido hacerse se caracterizan en su inmensa mayoría por sus defectos constructivos. Como norma, se filtran y les falta originalidad y riqueza arquitectónica. Algunos edificios ya se encuentran en estado ruinoso, como el Girón del Vedado, que en cualquier momento puede derrumbarse si no es reparado con urgencia.

La república iniciada en 1902 fue pionera en radio, telefonía y televisión en América Latina y el Caribe, adelantándose a países europeos. Sorprende que en la actualidad, según datos de las Naciones Unidas obtenidos de fuentes oficiales cubanas el país sólo tenga 64 líneas telefónicas por cada mil habitantes, índice muy inferior al que posee la mayoría de las naciones del área, e incluso algunas africanas: México 160, Ecuador 122, Colombia 179, Panamá 122, Barbados 497, Chile 221, Bahamas 415, Perú 67, Venezuela 111, El Salvador 113, Cabo Verde 156, Namibia 66, Botswana 75.

En el caso de los suscriptores a la telefonía móvil (STM) y de usuarios del Internet (UI), la situación cubana es sencillamente vergonzosa. El índice de STM por mil habitantes es de tres, y el de UI, de nueve.

Para que se tenga una idea de la gravedad del problema, Haití, uno de los países más pobres y subdesarrollados del planeta, tiene índices por mil habitantes de 38 STM y 18 UI; Gabón 224 STM y 26 UI, Cabo Verde 116 STM y 44 UI, Namibia 116 STM y 34 UI.

El distanciamiento de la sociedad cubana respecto a la revolución tecnológica que se produce a nivel mundial, evidente en las cifras expuestas, resulta un verdadero peligro para el capital humano de la nación, amenazado también por otros factores negativos, originados por una crisis económica, política y social al parecer interminable.

Actualmente, la formación de un profesional no finaliza al término de su preparación académica. El acelerado cambio tecnológico hace más que nunca indispensable la continua reactivación y actualización de los conocimientos de los especialistas y científicos, práctica muy difícil de llevar a cabo en Cuba por la falta de información y el bloqueo del gobierno a las fuentes y los mecanismos modernos, como la informática.

En adición, producto de los bajos salarios y la carencia generalizada de motivación, se presentan fenómenos que coadyuvan a la descapitalización profesional por distintas vías. En primer lugar, mediante la continuada emigración de técnicos y científicos, perdiéndose los esfuerzos y recursos materiales y financieros invertidos en su calificación, así como su potencial y capacidad de creación.

También muchos especialistas deficientemente retribuidos, solamente en moneda nacional, en un país donde acceder a las divisas convertibles es un prerrequisito para poder subsistir decentemente, abandonan sus especialidades para dedicarse a realizar trabajos más sencillos pero mejor retribuidos, como choferes de taxis, artesanos, actividades que permiten relaciones con extranjeros y otras.

En ese marco, también las nuevas generaciones rechazan los estudios universitarios, fundamentalmente los relacionados con la ciencia y la técnica, por considerar que no merece la pena el esfuerzo a realizar para después percibir bajos salarios que no les garantizan la subsistencia.

Por supuesto, la desvalorización de la fuerza de trabajo calificada -técnicos y científicos- no se reduce a su nivel profesional, sino que también abarca problemas más complejos relacionados con la pérdida de valores éticos en toda la sociedad cubana.

Resulta evidente que la solución de los problemas de la educación cubana y la debida utilización del capital humano existente únicamente será posible en una sociedad donde haya libertad y democracia, se liberen e incentiven las fuerzas productivas del doga totalitario para poder alcanzar el desarrollo pleno de las capacidades creativas de los cubanos, obstaculizadas hoy por un antinatural sistema económico, político y social.

El futuro sistema educacional deberá garantizar la enseñanza gratuita desde el nivel preescolar hasta la universidad, fundamentada en las tradiciones docentes de nuestros grandes pensadores Félix Varela, José Martí y José de la Luz y Caballero, así como la tradición universal, despojándolo de toda influencia política y sectaria.

La educación, además de ser un derecho básico del ser humano, sin la cual no es realmente libre, es decisiva para el progreso socioeconómico de los pueblos, en un mundo altamente competitivo, dependiente cada día más de complejas tecnologías imposibles de dominar sin un alto nivel educacional a escala social.

Para cumplir este propósito se deberán garantizar los recursos necesarios a fin de mantener la docencia a un nivel de calidad mundial, dotándola de medios modernos y mediante la promoción de una política de permanente recalificación de maestros y profesores, a fin de que estén correctamente actualizados en las materias que imparten.

Con el objetivo de evitar la politización del personal docente, su contratación deberá efectuarse mediante concurso de oposición que garantice la selección de los mejores, de acuerdo a la calificación y vocación para el cargo, sin interferir en absoluto discriminaciones políticas, religiosas o de otro tipo.

De acuerdo con las posibilidades de la sociedad, se debería crear un estatus social preferencial para el personal docente referente a los salarios y otras ventajas materiales y morales. De la calidad de la enseñanza dependerá en alto grado el futuro de la nación, por lo que la inversión realizada en ese sentido será extraordinariamente gratificante.

La práctica de la enseñanza privada a todos los niveles se deberá permitir siempre que cumpla con los programas de estudios y exigencias oficiales, tal como se hacía antes de 1959. Los alumnos egresados de la enseñanza privada serán sometidos a exámenes públicos de comprobación de conocimientos.

La educación no solamente habrá de apreciarse como la instrucción del ciudadano, sino también como la formación de personas con un alto concepto ético, solidario y patriótico, amantes de la libertad, la justicia social y del respeto irrestricto a los derechos humanos, para lo cual se precisará incorporar las correspondientes asignaturas relacionadas con estas ideas, especialmente los convenios y acuerdos internacionales sobre estas materias y la rica tradición cubana de lucha por la libertad, la democracia y la justicia social.

No deberá subestimarse el daño hecho a los valores espirituales del pueblo por tantos años de totalitarismo y crisis profunda. Recomponer el alma del ciudadano será una tarea ardua y compleja, debiéndosele asignar una de las primeras prioridades dentro del programa integral de reconstrucción de la nación cubana. La educación deberá desempeñar un papel decisivo en esta histórica batalla.

http://www.cubanet.org/CNews/y05/nov05/15a7.htm

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